Algunos discos semi ocultos en la Argentina del 2020

En un año 2020 nefasto desde donde se lo mire, la crisis sanitaria no ha hecho más que (entre infinidad de cosas muchas mas graves) continuar apeando a una escena que sólo sobrevive desde el amiguismo y la politiquería barata. Una escena independiente y alternativa que sobrevuela solo como un cada vez menos tibio recuerdo de días mejores, o al menos más justos a la hora de pensar una distribución equitativa de los recursos necesarios para promover una obra. La industria del like se llevó puestos a medios especializados, salas de conciertos, y a interesantes propuestas que, antes que abandonar la carrera hacia una noble intrascendencia, prefirieron jugar con las reglas del enemigo con tal de no perder el tren de la relevancia. Aquí, algunos discos ignorados por el público y los medios que vieron la luz en la Argentina durante el peor año de este aún joven pero ya decepcionante siglo XXI (ordenados por fecha de lanzamiento)

“Artimañas del Rap”, Varios Artistas. (Independiente)

Siempre un rara avis, Michael Mike fue un grupo demasiado porteño y concheto para el público enardecido del indie rock chabón de finales de la primera década del siglo. Pero en su afán de experimentación y ausencia de complejos – aunque posiblemente por algo generacional también- nunca lograron tampoco aceptación por parte del ala más aspiracional del nuevo pop argentino (eso que algunos medios llamaron vagamente “la nueva generación”). El grupo, ya en un impasse obligado como parte de la ola de denuncias virtuales circa 2017 a algunos integrantes de Onda Vaga, vio en la producción hacia otros proyectos (Diosque, Weste) un espacio para continuar con su desfachatada visión del pop. En el año en el que el rap argentino movilizado por la música urbana llegó al mainstream absoluto, este combo de los tres miembros fundadores de MM + Juan Román Diosque dio vida a un intento por reubicar un sentido del rap nacional bien argentino, repleto de humor, ironía, y rimas delirantes. Con una producción a la altura de sus honores, Artimañas del Rap suena con la frescura inmediata de un disco hecho entre amigos, donde los prejuicios se quedaron del lado de fuera de la puerta de entrada al estudio. Con una nula – aunque entendible – recepción (e intento por generarla), aquellos valientes que se animen a este álbum saldrán queriendo repetir al infinito esta bocanada de aire fresco.

5″, José Unidos. (Fuego Amigo Discos)

El sello independiente Fuego Amigo Discos celebró en el año 2020 su primera década de vida ahorrándose casi cualquier gesto auto dedicatorio para concentrar sus fuerzas en hacer lo que siempre hicieron tan bien: editar buenos discos (editaron más de 22 lanzamientos, entre sencillos, EP y LP durante el 2020). Uno de los que más gratamente me ha sorprendido fue el del grupo José Unidos: canciones de factura artesanal magistralmente instrumentadas por una orquesta de cámara conducida por Hernán Agrasar. A contramano de la inmediatez obligada del consumo musical al que confieren las plataformas digitales, “5” es un disco de lenta maduración; todas las canciones se toman el tiempo necesario para ser desarrolladas en su integridad, donde la elegancia de la instrumentación amalgama a la perfección con la urgencia post punk de las letras. Extraño conjunto, José Unidos, que casi no se presentan en vivo, tienen nula presencia en redes sociales, pero que cada un par de años editan estas pequeñas tesis de la canción. Difícil encontrar en este año algo tan diferente a la era de la inmediatez que este disco. Una antítesis vital.

“Secreto”, Isla Mujeres. (Independiente)

De todos los discos nombrados aquí, posiblemente el de este grupo de La Plata sea el que más unanimidad haya generado entre público y crítica. Isla Mujeres genera entusiasmo en sus canciones, y la holgada, aunque precisa producción de “Secreto”, colabora en completar el objetivo de reunir todos los aspectos que hicieron del grupo una prometedora propuesta, dentro del desalentador panorama del indie local. Isla Mujeres maximiza sus recursos instrumentales en pos de embellecer a su variedad de composiciones. El eclecticismo en este caso no va en demérito de una producción homogénea en la que variedad y sobriedad se equilibran virtuosamente . Un verdadero paso al frente tras un rendidor primer LP (Otras, de 2017), que de haber sido lanzado durante un año en la vieja normalidad seguramente le hubiera dado al grupo una plataforma de shows y merecida visibilidad.

Desposeído”, El Dependiente. (El Libertador Música / Discos Panoram)

El primer trabajo de Marcelo Zeoli (ex cantante de Los Látigos) en ocho largos años de silencio discográfico es un conciso compendio de ocho canciones. Sin estridencias, y alejado del histrionismo pop del pasado, las canciones de “Desposeido” se nutren sólo de una instrumentación indispensable, orgánica y por momentos orquestal. Texturas que tejen las capas necesarias que operan como sustento para la voz de Zeuli, en modo naturalismo urbano pop, aunque lejos del costrumbrismo imperante. Excelente producción de Yuliano Acri, una vez más. Un artesano de la instrumentación para canciones pop anti populistas.

La ruta del opio”, Melero & Tuñón. (Bultaco Discos)

Album programático prácticamente instrumental de Daniel Melero en colaboración con Diego Tuñón. Una demostración más de que los saberes de Melero tienen márgenes insospechados alrededor, y no se limitan a su concepción de la canción de autor. “La ruta del opio” es en verdad un viaje conducido por dos alquimistas del pop que dejaron por un rato de lado las convenciones melódicas para entregarse a un despliegue de música ambient, aleatoricismo, y principalmente elegancia, mucha elegancia.

“Bordes”, Guazuncho. (Fuego Amigo Discos)

Séptimo álbum de estudio de este cada vez mas prolífico músico, productor y multi instrumentista nacido y residente en la Ciudad de Corrientes,  Iñaki Zubieta. Desde hace una década, bajo el pseudónimo de Guazuncho, ha elaborado una abundante discografía que reaviva tensiones entre vanguardia y tradición. En “Bordes”, Zubieta vuelva a pivotar y despliega una instrumentación mas acústica que en otros trabajos mientras sigue explotando los recursos melódicos de una voz cada vez mas segura de si misma, que ya no precisa esconderse en capas de efectos para ser efectiva.

Ruidos Molestos“, Piter Mazda (Lagunera Discos)

Segundo álbum de estudio para este proyecto solista del músico chascomusense Pedro Pertusi. Una re lectura delirada de lo que comúnmente solía llamarse rock nacional. Piter Mazda dialoga con sus propios materiales de manera desfachatada entre varios climas, en donde el humor no condiciona la condición firme y homogénea de la producción. Al igual que otros exponentes de su generación, Pertusi no aplica la desafección como síntoma excluyente del cuidado sonoro. Ambos mundos conviven impunemente en este hilarante viaje de un artista valeroso.

Bonus Track: “Sombra en el agua”, Miguel Ward (EP) (El Castillo Discos)

No suelo incluir discos cortos, EP´s o sencillos en estos recuentos anuales, pero la belleza de estas tres nuevas canciones de Miguel Ward editadas ya en el ocaso del año 2020 ameritan la excepción. Una suerte de aliciente, estas nuevas canciones de Miguel Ward, para aquellos días finales de tan desafortunado año calendario.
Las tres canciones que componen el EP están arregladas sólo con los elementos necesarios para que la melodía transite. Esas melodías tan características de Miguel, en donde nada parece forzado. Palabra procede palabra, nota procede a nota, con la naturalidad de los elegidos.
Esa exactitud melódica de los afectos. La sencillez camuflada que tanto se extraña en 107 Faunos desde que Miguel dejó, en 2018, el grupo que fundó.

10 Discos por los Diez años de Fuego Amigo Discos

El sello discográfico con base en Ciudad de Buenos Aires Fuego Amigo Discos está cumpliendo en este imprevisto año 2020 una década de vida. Con un catálogo que supera con amplitud la centena de publicaciones, FAD nucleó durante mediados de la década pasada a varios ineludibles puntos altos de una posible edad de oro de la música independiente que pasaba por BsAs. Calada a sangre por recitales, ferias de discos, y espíritu autogestivo, artistas emblemáticos del indie argentino de la década del 10´ como Mi Amigo Invencible, Tobogán Andaluz, Bosques, Guazuncho, El Estrellero, Pyramides, Temporada de Tormentas, entre muchos otros, supieron rodearse alrededor del fuego durante su pico creativo. Fuego Amigo resultó ser un ineludible semillero, siempre atentos a las coordenadas de lo que sucedía en cada rincón del país para intentar amplificarlo desde su base de operaciones en Buenos Aires. Algunos de los grupos luego crecieron, dejando al sello de lado en la búsqueda por cumplir sus expectaciones artísticas en espacios mas dóciles a los ingratos tiempos que hoy conlleva administrar un grupo en internet, en esa lucha permanente que se pugna contra la vida algorítmica. Internet, de aliado a enemigo, en esa transición se movió la década de este emblemático sello del que solo el tiempo podrá ubicar su inagotable trabajo y cantera en el lugar que merece.

Aquí, una caprichosa selección de diez grandes discos dentro de su centenario catálogo:

“Cauce”, Guazuncho (2012)

Radicado momentáneamente en Ciudad de Buenos Aires, el excelso productor y músico correntino Iñaki Zubieta utilizó los tiempos libres de su grupo Las Liebres para colaborar en discos y conciertos en vivo de una buena cantidad de artistas que sobre comienzos del 2010 iniciaban una nueva vida musical en BsAs provenientes en su mayoría de otras provincias argentinas, al igual que Zubieta (Bruno Masino, Diosque, Bosques, Posavasos). El prolífico Zubieta, bastándose solo de un noble MicroSampler de Korg, comenzó a dar rienda suelta a su proyecto personal, que hasta el día de hoy otorga notables resultados de experimentación quirúrgica entre vanguardia y tradición. “Cauce”, su segundo disco bajo el alias de Guazuncho, muestra en su tapa la postal correntina por antonomasia: un atardecer que cae sobre el puente General Manuel Belgrano que une a las localidades de Resistencia y Corrientes por sobre el Río Paraná. En “Cauce”, el sampler del bandoneón típico del chamamé de la región toma usos que hacía de creer que el folclore electrónico podría convertirse en algo mas logrado que esos referentes actuales que combinan poco imaginativamente beat y poncho con intenciones for export. Guazuncho inició desde Buenos Aires una revolución inconclusa en la búsqueda por renovar desde la experimentación electrónica algo del folcrore del litoral. Aún “Cauce” sigue allí, por si alguien quiere retomar tan loable trabajo.

“La Nostalgia Soundsystem”, Mi Amigo Invencible (2014)

Menos reconocido y celebrado que su sucesor, “La Danza de los Principiantes”, “La Nostalgia Soundsystem” podría considerarse el primer disco porteño del combo mendocino Mi Amigo Invencible, y uno de los álbumes más logrados de mediados de la década pasada. Previo al intento forzado por parte de los periodistas y programadores musicales, ávidos por hacerse valederos de la próxima gran novedad, de promover todo el hype inconcluyente alrededor de la movida mendocina (lastimosamente agrupada bajo el término “Manso Indie”) MAI entregó un disco conmovedor, un complejo y vertiginoso tratado sobre la extrañeza de empezar de cero en otra ciudad, con cierto dejo de nostalgia hacia una entorno más natural que se dejaba atrás, como subtexto a todo lo que el humano suele relegar a la naturaleza. Sin entregarse a un naturalismo hippie, a mitad de camino entre la ciudad y ese campo que evoca animales salvajes, el grupo muestra diversos climas en sus canciones que logran homogeneizarse por una naturaleza grupal que no se negocia. Se hace difícil saber a primera escucha cuántos son los cantantes del grupo, dada la variedad de tonos que se manejan. De ese colectivismo extrañado pero entregado al fuego grupal ante el exilio se valen las mejores canciones que Mi Amigo Invencible escribió hasta la fecha.

“El centro del vacío”, Bosques (2014)

Año particularmente prolífico para la música joven e independiente de argentina, el 2014 también dio nacimiento a “El centro del vacío”, el segundo disco de Bosques, un dúo atípico que, usando algunos ropajes del rock espacial que patentó Jason Pierce, logró invertir la trama festiva del indie rock vernáculo hacia una experiencia musical reflexiva, calma y meditativa. El rock experimental de “El Centro del vacío” muestra bosquejos de una instrumentación ajena al rock (piano, chelo, violín) con precisos espasmos incendiarios de la guitarra de Marcos Díaz, mientras que la voz de Juan Cruz Del Cerro se cierne entre haiku melódicos que suenan como mantras. Bosques se despojaba de este modo de toda la impostura barrial que invadía a los “Festipulentas” de la década pasada para someterse a la estricta inspiración de un viaje fascinante sin concesiones costumbristas. Un clásico del futuro.

“Deja un rato piola”, Cristóbal Briceño (2014)

Además de siempre tener una oreja puesta en todo lo que acontecía lejos de los límites de la Avenida General Paz, la comitiva de Fuego Amigo Discos también tendió sus redes sobre las experiencias colectivas musicales que se sucedían en los países limítrofes, siendo facilitadores de ediciones locales de grupos independientes de la zona Mercosur (Molina y Los Cósmicos y Carmen Sandiego de Uruguay, por ejemplo) y promoviendo intercambios que permitieron escuchar en vivo en Argentina a varios grupos uruguayos y chilenos. En 2014, pleno fulgor de la selección chilena que mostró un fútbol brillante en el Mundial de Brasil, Ases Falsos se consagraba como un grupo de referencia regional gracias a la edición de “Conducción”, su segundo disco que, como primer corte de difusión, incrustó en la memoria una balada imperecedera: “Simetría”. Algo contrariado por una repentina y creciente popularidad, el líder del grupo, Cristóbal Briceño, eligió editar su primer disco en solitario, “Deja un rato piola”, lejos de su zona de influencia: Fuego Amigo Discos y Polvo Bureau se encargaron de hacer circular el primer repertorio solista de Briceño, logrando que su peculiar obra comience a moverse en territorio argentino, donde tanto el autor como el grupo en ese entonces aún no habían puesto el pie.

“Recordatorio”, Mariscal de Campo (2014)

La re construcción de la escena indie argentina de comienzos de siglo se caracterizó por un particular interés de parte de los artistas independientes en pasar las fronteras de sus ciudades de origen. Internet, aún como aliado en aquellos primeros años años, permitió un movimiento constante de grupos que permitió puntos de confluencia en ciudades que albergaron festivales y maceraron a fuego lento micro escenas en focos alejados de los conflictos identitarios porteños, acrecentados en la era pos Cromañón. Casi 700 kilómetros separan la Ciudad de Punta Alta (provincia de BsAs) de la Ciudad de Buenos Aires, pero la urgencia de las canciones de Mariscal de Campo no asimila distancias irrecorrible. Si algo supo Fuego Amigos Discos fue intentar agrupar aquello que en distancia física parecía lejano, pero que a los oídos sonaba cercano. De dichos buenos años para la música independiente manufacturada lejos de la redacción de Página 12, “Recordatorio”, el álbum debut de Mariscal de Campo, fue de lo mas celebrado de días de internet libre a bordo del ramal Bahía Blanca – Constitución.

“Acordes Químicos” – Homenaje a Stereolab, Varios Artistas (2015)

Este disco doble de 2015 reúne por primera y única vez a un destacado y a la vez improbable grupo de artistas de todas partes del país que homenajean a Stereolab. Aunque difuso, el halo que el emblemático grupo franco inglés logró trazar entre una generación de músicos locales que profesan su admiración fue notable en la configuración de algunos puntos de contacto en la disparidad de la escena argentina del siglo XXI. A cinco años de su edición, el mérito de sus compiladores radicó en descodificar ese hilo y poder concretar un álbum doble, inmenso en su recorrido, variedad y profusión por un grupo sin igual que caló hondo en las aspiraciones de libertad de un rock independiente que media década atrás aún transitaba por una etapa de optimismo.

(Al momento del lanzamiento de “Acordes Químicos”, en 2015, escribimos junto Aníbal Pérez una reseña de dicho álbum doble para el sitio Rosario Indie. Si les interesa ahondar en Stereolab y en este compilado pueden leerla desde aquí).

“La primera exploración”, Temporada de Tormentas (2015)

Oriundos de la localidad bonaerense de Haedo, oeste del conurbano bonaerense, Temporada de Tormentas logró con su segundo álbum de estudio dotar de elementos de space y math rock a la agotada lírica que el rock independiente argentino del siglo XXI. Si el Indie Rock macerado en Festi Pulentas terminó repitiéndose en una fórmula que sumaba las guitarras del indie americano con melodías y alegorías cada vez mas cercanas al rock barrial de los 90´, TdT al menos logró equilibrar la ecuación en este gran disco circa 2015. Con una producción luminosa por parte de Guillermo Beresñak (otro hijo pródigo de Zona Oeste), el grupo suena en “La Primera Exploración” como una gran orquesta de rock, con lúcidos arreglos corales de guitarras en sincronía, esperando el momento de la explosión definitiva.

“Calypso Club”, Entidad Animada (2016)

En medio de un impasse con su grupo Bosques, Marcos Díaz – sublime guitarrista en el dúo, y miembro además de Sue Mon Mont – colgó la guitarra por un tiempo y comenzó a colaborar con otros diversos proyectos, incluido su espacio de composición y experimentación sonora como solista, Entidad Animada. En “Calypso Club”, uno de los mejores discos del años 2016, recupera algunas viejas y olvidadas composiciones instrumentales y las reúne con un repentino repertorio de ambient, drone y cierta sutileza del dream pop para amenizar un sugestivo viaje de 47 minutos. El recurso de muestrario de samplers que Díaz pone en circulación en “Calypso Club” privilegia las texturas melódicas, como una gran jam virtual en la que salen y entran muestras de diversas y hasta opuestas fuentes sonoras, siempre privilegiando cierto contenido melódico, cercano al pop, y hasta al kitsch, como cuando entran maravillosamente en armonía las voces de Andrea del Boca y Gabriel Corrado entre fraseos de saxo que se desprenden de una linea de rhodes en loop. La canción se titula, por supuesto, “Paloma y Julián” . Con este guiño costumbrista de citar una telenovela argentina , Entidad Animada se corre de la gravedad que invade cierta premisa del género ambient y afines, y de algún modo logre infiltrar un gesto que descomprime. Diaz se corre del pedestal de artista sonoro para entregarse de manera lúdica a los materiales que samplea siempre con una premisa de búsqueda melódica que enaltezca el viaje que se propone. El Video que acompaña el full album en YouTube también ayuda a comprar los boletos para el recorrido: una recreación completa de una de las misiones del clásico videojuego de Sega, Out Run.

“Vacíos y Variables”, Pyramides (2017)

Tal vez no haya imagen mas representativa del triunfo del indie de barrio como banda sonora del último período presidencia cristinista que la de Bestia Bebé tocando en vivo en el programa de televisión Duro de Domar en 2014. Ya entrados los primeros años del gobierno de Cambiemos la arenga hedonista del indie chabón se había entumecido, y varios de sus exponentes se vieron obligados a apagar la distorsión e intentar sonar desafectados para competir en las grillas de festivales con los niños mimados del neoliberalismo: el pop macrista, igual de apolítico que sus rivales del indie del conurbano bonaerense, fue el triunfo musical de los 12 ininterrumpidos años de gobierno del PRO en la ciudad de Buenos Aires. Sonido sintético, cierta ambigüedad sexual, discurso meritócrata y ningún riesgo artístico asumido por parte de una generación posideológica, criada al frío del Festival Ciudad Alterna, BAFICI y ArteBa.

En 2017, ya cuando la crisis arrimaba a casi todas las puertas de los hogares argentinos, quizás Pyramides haya de los pocos grupo que entendió que la naturalista lírica hedonista del indie argentino del período no tenía correlato posible con la cruda realidad de las calles. Esto no implica que Pyramides con “Vacíos y Variables”, su álbum debut, se haya adentrado en el territorio del rock político, pero sí que tuvo la sensibilidad suficiente como para retratar magistralmente un mundo gris, descolorido, apático y conflictivo. Armándose de las valiosas armas del post punk, podría decirse que Facundo Romeo, su cantante y principal compositor, encontró una voz lejana a la desafección neoliberal: enfadado, serio, sus relatos temperamentales logran una cohesión que Pyramides materializó a la perfección en un clima de angustia que ya no podía (ni debía) seguir ocultándose.

“5”, José Unidos (2020)

Para que este recuento no termine siendo solo un repaso excesivamente nostálgico por un pasado un tanto mas amable, cabe destacar que en este año pandémico del 2020, Fuego Amigo Discos celebró su primera década de vida ahorrándose casi cualquier gesto auto dedicatorio para concentrar sus fuerzas y hacer lo que siempre hizo tan bien: editar discos. Llevan a la fecha 22 lanzamientos sólo desde que arrancó el año. Uno de los que más gratamente me ha sorprendido fue el del grupo José Unidos. Canciones de factura artesanal, magistralmente instrumentadas por una orquesta de cámara conducida por Hernán Agrasar. A contramano de la inmediatez obligada del consumo musical al que confieren las plataformas digitales, “5” es un disco de lenta maduración. Todas las canciones se toman su tiempo en ser desarrolladas en su integridad, donde la elegancia de la instrumentación amalgama a la perfección con la urgencia post punk de las letras. Extraño conjunto, José Unidos, que casi no se presentan en vivo, tienen nula presencia en redes sociales, pero que cada un par de años editan estas pequeñas tesis de la canción. Difícil encontrar en este año algo tan diferente a la era de la inmediatez que este disco. Una antítesis vital.

Otros discos del catálogo de Fuego Amigos Discos que quedaron afuera de esta caprichosa selección, y que sin dudas merecen ser escuchados: “Fantasía Peligro” (Medalla Milagrosa, 2018) / “Trayectoria” (La Gran Pérdida de Energía, 2018) / “El Destierro” (Césped, 2017) / “Valles” (La Venganza de Cheetara, 2016) / “Drama” (El Estrellero, 2016) / “La era del chacal” (Explotados por Jaime, 2015) / “El Nacimiento” (Manuel Embalse, 2015) / “Las Jóvenes Lechuzas” (Las Jóvenes Lechuzas, 2013) / “Una vuelta más sobre el eje imaginario” (Digisagas, 2011) y muchos otros más!

Aristocracia hereditaria y “famosismo” en la música argentina actual.

Editorial use only. No book cover usage. Mandatory Credit: Photo by Van Redin/20th Century Fox/Kobal/REX/Shutterstock (5881652a) Naidu Ajay,, Ron Livingston, David Herman, Richard Riehle Office Space – 1999 Director: Mike Judge 20th Century Fox USA Scene Still Comedy

En la semana que pasó se hablo demasiado en internet, una vez mas, acerca de la meritocracia. Lejos de querer sumar ruido a un debate ya de por si muy acalorado e incesante, es interesante el enfoque que hace Ezequiel Fernández Moores acerca de la meritocracia en el mundo del deporte. En su columna del miércoles pasado en La Nación escribe que la “aristocracia hereditaria” jamás podría aplicar en el deporte, en donde ni siquiera Messi podría asegurarle heredar la 10 del Barcelona a sus hijos. Pero, me pregunto, ¿cómo podría aplicar esto en la música? Casualmente, de manera mayoritaria, las personas relacionadas con las industrias creativas o culturales no logran, en principio, registrar la manera en la que el status quo aplica en las formas de difusión y distribución de bienes culturales. Hace tiempo que en la música se ve una “aristocracia hereditaria” que nos ofrece semanalmente la música de “los hijos de”. Los hijos de famosos son el producto cultural por excelencia del sistema de valores culturales del porteñocentrismo argentino. La semana pasada, la novedad en los pocos medios culturales que quedan fue totalizada por la hija menor de Spinetta, la última del clan que quedaba pendiente incorporar al sistema cerrado y sellado de difusión y promoción de la industria del espectáculo.

Hace poco volví a mirar después de mucho tiempo la obra maestra de Mike Judge, Office Space (1999), donde en un hilarante diálogo dentro de la oficina, los protagonistas se preguntan qué harían con un millón de dólares, dado un psicólogo de la secundaria les decía que según el hobby que uno eligiera practicar ya sin necesidades económicas, lo que respondas debería de convertirse en tu oficio, como si lo que te apasionara fuese por default lo que te daría dinero. A lo que uno responde que si fuese por eso, no existirían porteros, porque a nadie se le ocurriría ser un apasionado de la limpieza. Esta reflexión pone en cuestionamiento ese video viral con el que se eligió castigar a esa bizarra estrella que es Nathy Peluso, donde en una entrevista hace alusión explícita a la meritocracia en decir que si haces lo que amas serás exitosa y el dinero vendrá solo. Justamente esta semana Peluso volvió a ser viral por el lanzamiento de su nuevo disco, con miles de réplicas que se burlan de su acento, su forma de cantar, de hablar, de bailar etc. ¿Qué efecto logró tanta crítica hacia su personaje? Por supuesto, toda noticia es una buena noticia. Sus reproducciones se dispararon y hace días que es trend topic. ¿Cuántos nuevos lanzamientos argentinos se perdieron entre el ruido generado por la polémica perfectamente capitalizada de Peluso?

Increíblemente, a pesar de los discursos anti meritocracia que se leen por parte del progresismo cultural, son poco los que dentro de las industrias creativas ponen en cuestionamiento el éxito de un artista o producto. Pareciera como si el éxito y la relevancia de un artista no se pudiesen poner en discusión. El artista que reclama atención es mal visto, mientras que aquel que se acerca a poseer dotes de celebridad pasa a tener el status indiscutido de “famoso”, y es el “famosismo” la forma de consumo más celebrada por aquellos que componen las industrias del espectáculo. Se quiere imponer que el famoso se hace famoso porque lo merece, no porque haya un sistema de difusión y promoción coaptado por las majors. El gran mérito del mainstream actual es continuar perpetuando el mito de que “cualquiera puede ser viral”, cuando es notorio el reposicionamiento de las mismas en el sistema de distribución actual de la música en la región. Disfrazan sus productos de contenido independiente, camuflando sus influencias, tan decisivas en el éxito de sus productos en la década de los 90´como ahora.

Sería entonces interesante empezar a rever el sistema falazmente meritocrático de las industrias creativas para empezar a darse cuenta que en la búsqueda viralidad tampoco hay igualdad de oportunidades.

La Memoria de un beso

“Siento que mi generación arrastra tradiciones, técnicas y un montón de conocimiento que ya no se utilizan. Es como haber forjado la mejor espada, una muy buena, que la martillaste y la preparaste para la batalla y cuando vas a luchar… todos tienen rifles”.

Lucas Marti para Revista Rolling Stone, junio de 2020

Desde hace algunas pocas semanas ronda en varios hogares argentinos un loop melódico mental, un mantra que se repite en medio de situaciones de entrecasa:

“Quiero la memoria de un beso
Con la fantasía de un posible regreso
Quiero limitarnos a bailar por un rato como relámpagos”

Lucas Marti, el gran desconocido popular, se mantuvo muy activo durante esta fatídica etapa de cuarentena. Como es de su costumbre, le escapó a los mandamientos auto impuestos por la industria de internet y siguió publicando música en diversos formatos y formaciones: algunas canciones suyas sueltas interpretadas por cantantes mujeres, que dice, formará parte de un futuro disco (particularmente bella “Voz de gigante”, cantada por Inés Adam), un nuevo adelanto de su grupo hard rock “Atentado Legal”, con un video impactante, entre medio de tutoriales subidos a Instagram y Youtube para aprender los entreverados acordes de algunas gemas de su inmenso repertorio. Además, fue invitado por Lito Vitale en su programa de la TV Pública para interpretar a dúo una canción inédita suya.

“La memoria de un beso”, su nueva canción, llega en medio de la ya vacía de antemano y viciada polémica suscitada por el trapero Trueno de hace algunas semanas, producto del contenido de la letra uno de sus tracks donde afirmaba que el trap era el nuevo rock and roll. El efecto fue inmediato a nivel mediático, donde afirmaciones y contra afirmaciones provenientes desde ambos lados del mostrador se manifestaron con el mismo nivel de retrogradación. Un provocador adolescente dentro de un género para adolescentes, que genera reacciones encontradas, dos caras de una misma moneda: el rockero viejo ofendido, y el rockero viejo que aprueba la moción, haciéndose el joven y empático para con las nuevas generaciones.

No vale la pena seguir agregando leña al fuego hecho con un árbol ya viejo y caído. Tanto detractores como aliados de Trueno no lograron más que seguir colaborando para que muchísima música producida en territorio argentino pase, una vez más, desapercibida, infravalorada, ninguneada, discriminada por las nuevas formas de consumo y replicación de contenidos, todos a su manera cómplices de fomentar el vaciamiento cultural vivido a diario. En este contexto penoso Lucas Marti, a pesar de haberse retirado del pop el año pasado, con un concierto majestuoso en La Confitería de Ciudad de Buenos Aires, sigue otorgando, bajo el formato que sea, canciones que auguran un futuro algo mejor. Un faro que no para de alumbrar. ¿Cómo un artista de 40 años, sin promoción, sin entregarse a los recursos estéticos de la juventud mainstream, y sin impostar un lenguaje impropio de su edad, logra viralizar una canción tan hermosa como esta? Sin featurings, sin vivos de Instagram, sin listas de Spotify. Incluso la canción ni siquiera está, al día de hoy, disponible en Spotify. Tal vez “La memoria de un beso” signifique, además, una necesaria inspiración para los otros músicos jóvenes, de poder encomendar una obra si tener que leer tutoriales acerca de promoción, marketing, cuánto tiene que durar una canción para que la ponga en la lista de Spotify, que sonido tiene que tener para agradarle al Editor, cuáles cuentas de influencers seguir, a qué celebridad (o hijo de celebridad) chuparle las medias para que la cosa funcione.

¿Qué mejor manera de replicar una sentencia auto afirmativa de una canción con otra canción? “Aunque trueno nos diga que el rock ya no es nuestro te quiero mostrar lo que tengo” reza “La Memoria de un beso”, en un estribillo superlativo con la fuerza melódica de una legión, que parece comenzar a derruir momentáneamente los enormes prejuicios que se han tenido para con la obra y figura de Marti por parte de gran parte de las referencias musicales argentinas, que aparentan ir cayendo rendidas por este oasis hecho canción.

Panorama Iberoamericano 2020

Ser latino está de moda en Estados Unidos aunque no seas latino. Se les llama “Latinx”. En los Premios Oscar pasados, algunos medios clasificaron la candidatura de Antonio Banderas como mejor actor dentro de los candidatos “de color” de la ceremonia, por lo que queda claro que cualquier minoría racial entra dentro de la misma bolsa a la hora de premiar diversidad. Hace algunos meses, Lido Pimienta (excelente cantante y compositora colombiana, radicada en Canadá) hacía ruido en Twitter al anunciar (en ambos idiomas) que la cantante furor española, Rosalía, no era latina. Era tan blanca y hegemónica como cualquier otra. Pasa que, desde el triunfo inexorable de “Despacito” en 2017 como la canción en castellano más redituable de la historia después del mega hit mundial La Macarena (Los Del Río, 1996), cantar en español (o castellano) se ha convertido en la estrategia de cabecera de las major a la hora de vender música. Lo latino vende. No hace falta retroceder demasiado para recordar cómo artistas mainstream del tipo Robbie Williams o Christina Aguilera (aprovechando que era medio ecuatoriana) debían cantar a comienzos del milenio sus singles tanto en inglés como en castellano para salir a competir por ese mercado pujante que había dejado latente “La Macarena”, con Miami como epicentro. Veinte años después el panorama parece replicarse, con la música latina y cantada en español como contender a los primeros lugares de charts y en las temporadas de premios de la industria. Cantantes como la reguetonera Becky G, nacida y criada en Los Angeles, aprovechan su descendencia latina (los abuelos de Becky G nacieron en México) para salir al mercado como una cantante latina, con sus mega hits radiales todos cantados en castellano. Si antes el epicentro comercial era la Miami de Gloria y Emilio Estefan , hoy todas la miradas conducen a Puerto Rico, la tierra de Ozuna, Bud Bunny, y otros pesos pesados del regueton / trap. ¿Cómo proyectar una obra en territorio latinoamericano que no reniegue de sus orígenes, pero que no comulgue necesariamente con ese imaginario gangster puertoriqueño? ¿Existe otra historia de la música latina que no sea la que Estados Unidos vende como novedad en su batea del momento? Aquí, un breve repaso por algunos artistas que en el transcurrir de 2019 pusieron de manifiesto en su obra todas estos interrogantes y más.

El caso Hidrogenesse: avant pop antropológico.

El duo electro pop experimental catalán de culto Hidrogenesse confeccionó, no sólo uno de sus discos más logrados de sus veinte años de impecable trayectoria, sino uno de los mejores de habla hispana en lo que transitó el 2019. Casi a modo de pop antropológico, el dúo aprovechó sus extendidas y corrientes visitas a México para hacer un disco de música latina. ¿A la antigua? Claro, pero está hecho todo con los mejores sintetizadores y cajas de ritmo de un estudio de lujo en París. Instrumentos de electrónica retro para confeccionar los géneros que transitan por “Joterias Bobas”: el bolero, el mambo, el chachachá, desviados y deformados por las increíbles y cada vez mas inspiradas letras del señor Carlos Ballesteros. ¿Vanguardia antropológica o nostalgia aggiornada? Difícil explicar este tan vivaz experimento sonoro. Hidrogenesse fantasea con musicalizar algunas de las películas de la filmografia de Luis Buñuel y le era de oro del cine mexicano, pero sin resignarse solamente a un ejercicio de estilo retro. El título “Joterías Bobas” es toda una declaración de principios anti victimistas de parte del dúo: la expresión “Joterias”, en México, es una acepción para “mariconadas”. Lo que alguna vez fue un comentario homofóbico recibido en tierras aztecas se convirtió en la leña principal del disco con el que Ballesteros y Genís Segarra le declaran su amor incondicional a la cultura y al pueblo mexicano.

Helado Negro: brown and pride en tiempos de Trump.

Helado Negro, el proyecto musical que comanda Roberto Carlos Lange, viene siendo referencia absoluta a la hora de hablar del género alt latino dentro del territorio estadounidense. Lange, de 40 años recientemente cumplidos, nació en el Estado de Florida, siendo hijo de inmigrantes ecuatorianos. Las influencias de la música latina que se escuchaba en los barrios del sur de Florida, habitada en su mayoría con inmigrantes latinos, en donde el idioma castellano se usa tanto como el inglés, se fue mixturando virtuosamente con el trabajo académico de Lange como estudiante de Arte y Diseño Sonoro en la Universidad de Savannah, Georgia. Desde su primer trabajo de estudio en 2009 hasta el 2019 fueron largos 10 años de confección, experimentación, prueba y error para el método Helado Negro, que encontró hace un año con “This is how you smile” su trabajo discográfico por lejos más logrado. En él, Lange abandona un poco la necesidad algo forzada de lograr un himno “latinx” que había invadido de intenciones políticas su álbum anterior para pasar a un grupo de canciones reflexivas, en donde el silencio y la contemplación son parte esencial del entramado. Los instrumentos, en su mayoría acústicos, se mezclan a la perfección con las texturas de música concreta y sintetizadores por las que Helado Negro veló en toda su discografía, encontrando aquí una síntesis ideal.

Juan Wauters: nostalgia retroactiva.

El músico de origen uruguayo Juan Wauters vivió toda su vida en Estados Unidos, y dio sus primeros pasos en la música en aquel país, mayormente cantando en inglés y editando sus discos por el prestigioso sello neoyorkino Caputured Records. Sin embargo, sus contantes giras en solitario por territorio latinoamericano parecen haber sido la inspiración ineludible de “La Onda de Juan Pablo”, su primer disco en solitario compuesto exclusivamente por canciones cantadas en castellano. El perfil de cantante independiente, irreverente y alternativo de Nueva York se ve aquí solapado por un cariño inesperado hacia las raíces más profundas de la canción de trovador sudamericano de la década del 70. Nostalgia de un tiempo en el que no vivió, Wauters recorre con sorprendente virtuosismo ritmos y modos de los lugares a los que visitó, y devuelve un tanto su propia raíz uruguaya al hueso de sus inclasificables canciones. Parecido al caso de Hidrogenesse, y su cariño a México retratado con anterioridad en este artículo, Wauters recorre el mercado más populoso de Ciudad de México y con una asombrosa naturalidad canta en “Blues Chilango” (probablemente su mejor canción) del mismo modo, azorado en la calma, con el que Luca Prodan describió para la eternidad el barrio del Abasto de la Ciudad de Buenos Aires en el clásico del grupo Sumo, “Mañana en el Abasto”, como el observador neutral que logra subyugar su visión al territorio inexplorado pero extrañamente reconocible.

Medio Hermano: la sangre hecha vino, en el Chile más sublevado.

El grupo de rock alternativo chileno Medio Hermano publicó su segundo álbum de estudio a comienzos del mes de octubre de 2019, sólo algunas semanas previo a la revuelta social que se inició en el país transandino, de la serie de protestas y manifestaciones más grandes que se recuerden en el territorio sudamericano desde el regreso de las democracias. Coincidencia o no, Medio Hermano toma prestado en “XO” (así se llama el disco en cuestión) de The Radio Depth no sólo el linaje por un pop contenido en elegancia nórdica, sino también su componente más político. Como un avant pop socialista sudamericano, los que escuchamos “XO” ni bien salió al mundo notamos una crudeza en sus historias (manifestado más explícitamente en el track titulado “24/7”, aunque también de manera más sutil en otras canciones que componen el álbum), que hacían anticipar que las cosas en Chile no estaban del todo bien. Medio Hermano ya había coqueteado con un rock casi de denuncia en su primer EP homónimo de 2015, cuando lanzaron la que terminó siendo una de sus canciones más reconocidas, “Una bala en medio de la nada”, cuya letra relata la historia verídica de la muerte del estudiante Manuel Gutiérrez por parte de la policía, como consecuencia de una bala perdida. No son muchos los grupos de rock independiente que se animan a ensuciarse las manos con estas temáticas. Es sabido que el Indie Rock (al menos en este continente) ha recorrido un camino de comodidad y auto complacencia, a veces mas interesado en referenciarse de películas de Hollywood que de lo que sucede en la calle. Medio Hermano no sólo encuentra en XO un tono ideal para el ánimo que desembocó en la situación social en Chile sino que lo logra embanderado de su mejor canción hasta la fecha, “Kintsugi”, track arreglado con una inusual elegancia de guitarras, programaciones y teclados formando la textura necesaria para ensalzar de manera ideal con el groove de bajo y batería, logrando que la voz de Fernando Rubiales, cantante y compositor principal del grupo, se luzca mas que nunca.

Series del 2019

Lejos de ser mi especialidad o área de mi conocimiento, tantas listas y balances de fin de año me hicieron querer escribir, sin tener demasiadas herramientas, acerca de las series que se emitieron durante este agonizante 2019. Elaborando esta lista me di cuenta de que todas las series a las que completé sus nuevas temporadas son aquellas que he disfrutado. Como a muchos les debe pasar, si la serie no engancha queda mayormente descartada de entrada.

El género que más disfruto en la televisión contemporánea es el de la comedia, en el que sí siento que tengo algunas mínimas herramientas para poder debatir y reflexionar, más aún cuando se trata de comedia norteamericana, que es la que me ha formado mis más que limitados conocimientos acerca del cine y la televisión.

En el mes de octubre del corriente 2019, con sólo dos días de diferencia, comenzaron a despedirse del aire dos comedias emblemáticas: Silicon Valley y Bojack Horseman, ambas estrenadas en 2014. Media década de gloria televisiva que se marcha, casi cabizbaja, al eco de la frase con la que Erlich Bachman, el icónico personaje de Silicon Valley que interpretó TJ Miller, sintetiza en el final de la 2da temporada de la serie de Mike Judge: “Admito que el momento cultural ya pasó”.

El 2019 despidió a varias otras comedias, como la multi premiada “VEEP”, “Easy” o “Crashing”. ¿Será que Todd Philips no estaba tan equivocado cuando dijo que ya no se puede hacer comedia en la actualidad? Estos fueron los motivos que el director confesó como primarios a la hora de encomendarse a realizar “Joker”. Si bien varios de sus colegas salieron a repudiar estos dichos, la realidad es que si a las series de comedia canceladas durante el corriente año se le suma que 2019 no entregó tampoco nuevas temporadas de “Atlanta” ni de “Curb Your Enthusiasm”, el pronóstico de Philips no parece tan errado. Barry sería la última esperanza de la comedia norteamericana en televisión, a la espera de que Netflix no cancele la notable GLOW (cosa más que probable).

2019 justamente fue el año en que HBO le dio salida a sus dos comedias más celebradas y galardonadas de la última década: en VEEP y en Silicon Valley se notan muchos paralelismos en lo compleja que resulta la ficción cómica cuando la realidad supera largamente a esta. ¿Una sátira política en tiempos de Trump? ¿Una sátira acerca de la industria tecnológica en tiempos de venta de datos de usuarios, juicios a Facebook y debate acerca de la neutralidad de Internet? Son temas que se tornaron muy actuales en la órbita pública, y que llevaron a ambas series, en sus inicios crudas y despiadadas, a comenzar a trabajar con el freno de mano puesto. La cadena HBO, lejos de despedirlas con honores, apeló simplemente a la piedad de que puedan dar por terminada la ficción de un modo mínimamente honrado para que sus fans puedan compartir algunas breves horas más con estos personajes. Ambas temporadas finales estuvieron lejísimos de los momentos de gloria de dichas series, pero sirvieron como consuelo para fieles seguidores que no se sienten atemorizados de poder seguir riéndose de lo que tengan ganas de reírse. Un triunfo de la corrección política, a la espera de que el 19 de enero regrese Larry David a poner las cosas en su lugar con la esperada décima (¿y última?) temporada de “Curb Your Enthusiasm”.

Curiosamente (vaya paradoja), la mejor serie de 2019 terminó siendo una comedia, o algo así. “Barry” parece tener todos los elementos necesarios para convertirse en la comedia canónica de los nuevos tiempos de auto censura, sacando el nervio de la risa hacia otros lugares menos esperados, como el absurdo, la acción y las referencias al policial negro. Alec Berg, unos de los showrunner de la serie, es un ya veterano productor que sabe perfectamente cómo hacer encajar sus productos al “momento cultural”, y se encargó de meter otro hit mientras despedía a Silicon Valley, serie que él también comandaba.

En términos de televisión dramática, HBO también despidió con tibieza y timidez a una de las mejores serie del lustro, “The Deuce”. Otra de las gemas televisivas del titánico David Simon, acompañado una vez mas por su fiel ladero, el escritor George Pelecanos, pasó sus tres temporada defendiéndose de las acusaciones a James Franco, de la crueldad de sus escenas de sexo, de las noticias alrededor de la incomodidad que sufrieron sus actrices durante la filmación de la primer temporada y en la posterior contratación de una coordinadora para escenas intimas. Todo este asunto de hacer una serie cruda y sin sutilezas acerca del Nueva York de los 70 y el nacimiento y apogeo de la industria pornográfica no podría poder haber estado menos a tono con los requerimientos morales de la época. La primer temporada fue emitida justo antes de las acusaciones ante Harvey Weinstein y el nacimiento del movimiento “Me Too” , coyuntura que por la naturaleza sexual (humana, en verdad) de la propuesta, terminaron aislando la serie y la cadena se sintió obligada a no darle la visibilidad que merecía, ni quiera ofreciéndola como posible candidata a las temporadas de premios acto paradójicamente injusto para con la epopéyica actuación de Maggie Gyllenhaal, quien fue además productora en The Deuce).
Un acto de tremenda injusticia, no sólo por el porte de su autor, sino por el calibre dramático que la serie demostró tener durante tres magníficas temporadas: un refugio ante la frivolidad televisiva, y el canto anti romántico hacia una ciudad que no existe más. Hasta con cierto anacronismo, es difícil imaginar al usuario promedio de Netflix sometiéndose a la crudeza anti estetizante de Simons y Pelecanos. The Deuce fue posiblemente el drama de la década, pero muchos se encargaron de que pocos se enteraran.

En resumen, irrelevante TOP 10 personal del 2019:

1. Barry (T2, HBO)

2. The Deuce (T3, HBO)

3. Succession (T2, HBO)

4. Easy (T3, Netflix)

5. GLOW (T3, Netflix)

6. Silicon Valley (T6, HBO)

7. Fleabag (T2, BBC)

8. State of the union (T1, Sundance TV)

9. VEEP (T7, HBO)

10. True Detective (T3, HBO)

Mención especial para la encantadora y honesta “Crashing”, de Pete Holmes, comedia producida por Apatow que HBO despidió sin pena ni gloria durante el 2019.

Lucas Marti, el último prócer.

Lucas Martí despidió a su banda y a una etapa de 14 años conformada por un inagotable cancionero en una colmada noche invernal en el local La Confitería, del barrio porteño de Colegiales. Lo que pudo haber sido una noche de auto homenaje y nostalgia terminó resultando un tributo de Marti hacia su propia banda, que lo acompaño (con algunos cambios de formación mediante) durante estos 14 años.

Martí, alejado como es costumbre de cualquier postura demagógica, interpretó canciones de todos sus discos, incorporando a la lista todas las facetas musicales y epocales de su discografía en solitario. Bien puedo haber elegido interpretar dos horas de power pop del bueno, pero a sus usuales hits de antaño les fue mechando emotivos momentos baladasticos (la hermosa “Margen de Error”, “ y “Por El Vértigo”, casi acústica, en uno de los momentos más lacrimógenos de la noche), otros intensos despliegues de rock combativo con guitarras que se prendían fuego (a la cabeza, la brutal “Rompehielos”), y algunos lados B de sus discos más pop (“Mensaje”, posiblemente la mejor canción de “Tu Entregador”, o “¿Y si no?”, del seminal “Simplemente”).
Además, para darle relieve a la importancia que tuvo su banda en estos años de recorrido, Marti evitó la presencia de invitados especiales (bien pudo haberlo hecho, dado que Martí colaboró con gran parte del establishment del ya no tan “nuevo” rock argentino).
La emoción fue sumando en intensidad con el transcurrir de las dos horas de show, en lo que resultó un sincero y emotivo homenaje del artista más que nada a su entorno, el que lo acompañó durante todos estos años. Martí evitó además alusiones a cualquier otro proyecto que no sea el de sus discos en solitario. Se basó exclusivamente en canciones de sus nueve discos solistas, es por eso que, aún con el recuerdo intacto de una noche mas que especial, me tomo el atrevimiento de hacer un ranking de los que, para mi, son sus mejores cinco discos de dicha etapa, excluyendo del listado otros proyectos de Marti (Varias Artistas, u otras colaboraciones).

Martí se despide de 14 años de pop dejando un legado inmenso, alejado de la demagogia y a la condescendencia, males que son comunes denominadores de la escena actual de la música argentina. Martí fue una figura extraña, ajena, siempre más atento a construir una obra que a defenderla en los medios. La ausencia total de dichos medios culturales, tanto en la difusión como en la cobertura de una noche tan importante para la música argentina como fue la del viernes, da cuenta de la acertada lectura que hace Marti de por qué este contexto cultural ya no hace apropiada la producción de estos materiales. Solo el tiempo dirá si la obra de Marti se termina cononizando, como debería, a la altura de los grandes próceres de la canción argentina.

“El Gran Desconocido Popular” (Los Años Luz, 2013)

En 2013, el grupo que acompañaba en vivo a Lucas Marti en vivo llevaba ya cuatro años sin cambios de formación, y logró, merecidamente y justo a tiempo, plasmar ese trabajo de arreglos y sonido en lo que sería el mejor disco de la carrera solista de Marti: “El Gran Desconocido Popular”, de 2013, es un disco, ante todo, político. Organizado conceptualmente alrededor de los sentimientos de impotencia generados por la tragedia de Once, Martí logra en este álbum combinar virtuosamente dos mundos propios que hasta entonces parecían divididos dentro de su propia obra solista: por un lado las canciones de pulso pop, instrumentadas por las texturas de teclados, baterías algo sintéticas y punzantes riffs de guitarras, que habían alcanzado su pico sonoro en “Pon en Práctica tu Ley”. Por otro lado, ese mundo mas intimista que Martí logró retratar en su trilogía de “últimos actos de noción”: letras más largas, desarrollos formales extendidos y diversos, donde la letras comienzan a trazar universos mas personales y encriptados. Ambos mundos se nutren entre sí a la perfección en “El Gran Desconocido Popular”, título que también funciona como una suerte de parodia de la percepción que siempre se tuvo Marti dentro del contexto del rock argentino.

2) “Segundo y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2009)

Luego de su par de años posiblemente mas mediáticos (el primer disco de Varias Artistas, y su disco pop in extremis “Pon en Práctica tu ley” fueron, en su momento, bastante difundidos), Marti parte al medio su discografía en solitario para entrar en un terreno mucho más intimista y personal. Acompañado prácticamente sólo por su guitarra acústica, Marti desarrolla un recorrido extremo de 24 tracks confesionales e introspectivos que abandonan toda impronta de posible frivolidad pop, o costumbrismo lírico que había sido moneda corriente en alguno de los tracks de sus discos más pop, y que había llegado a cierto agotamiento en algunas canciones de “Pon En Práctica tu Ley”. Martí comenzaba su tercera década de vida barajando y dando de nuevo, tornándose un letrista excepcional, que ya no sólo podía ser ingenioso o ocurrente, sino desarrollar líricamente un mundo privado e interior fascinante, donde todos miedos y temores quedan expuestos en un álbum cuasi confesional y excesivo, por la densidad musical y la sinceridad de sus letras. 80 Minutos de Marti en estado puro.

3) “Tu Entregador” (Los Años Luz, 2006)

De los época en la que Marti editaba uno o dos discos al año. A su debut doble de 2005 se le agregó rápidamente, en 2006, su primer disco “de banda”, arreglado para batería, bajo, guitarra y teclado, interpretado íntegramente por su banda de entonces, que venía acompañándolo en sus primeras presentaciones en solitario. El Marti con mayor desparpajo juvenil y picante de letras se muestra, entre sintetizadores retro monofónicos y guitarras ingeniosas, como una maquina de la canción entre fresca y ocurrente, entre ella “Programa Perfecto”, que se se convirtió en lo mas parecido a un hit que haya producido. Paradójicamente, lo mejor de “Tu Entregador” se halla cuando la banda baja un cambio y se entrega canciones más complejas, como “Mensaje”, o la increíble balada “Reaccionar”. La mayor gema, sin embargo, queda en manos del tema que la da título el disco: “Tu Entregador” quedará como una canción indeleble, de las más emblemáticas de su discografía.

4) “Primer y Último Acto de Noción (Los Años Luz, 2005)

El debut discográfico solista de Lucas Marti vino, desde el vamos, dividido en dos. Lanzados en simultáneo, pero como dos discos independientes entre si (aunque complementarios), “Simplemente” mostraba la faceta mas pop de Lucas, que luego desarrollaría en profundidad y en formato de banda con “Tu Entregador” y “Pon En Práctica tu Ley”. “Primer y último acto de noción”, por su lado, mostraba la faceta más experimental del autor: un folk desmenuzado por cierta fantasía de sintetizadores y experimentación sonora. Algo que ya se encontraba presente en los últimos discos de A Tirador Laser. En Primer y Último… la dupla de producción Marti – Yuliano Acri, que ya venía desempeñando en la producción de los últimos discos de A Tirador, aquí se muestra en su punto más álgido, en donde las canciones despojadas de Marti son cubiertas de un tratamiento sonoro cercano a la música concreta. Baterías desarmadas, sintetizadores, una instrumentación mínima para un primer acercamiento a esta trilogía, que resultaría vital para la discografía del autor. Se destaca “La Orden”, uno de los temas mas inspirados y logrados del binomio debut.

5) “Tercer y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2012)

Lucas Marti cerró en 2012 de manera definitiva su trilogía de “Acto de Noción” con “Tercer y Último Acto de Noción”, en donde el espíritu de sus predecesores aparece un tanto solapado con cierta agresividad musical y de letras que desde el vamos lo convierte en posiblemente su disco más barroco. Con “Pacto con el diablo”, su primer track, ya pone la carne al asador, con una letra y una estrcutura delirante en su ritmo compuesto de seis octavos. La instrumentación parece estar un tanto enlazada con el tratamiento MIDI que su utilizó en “Se Puede”, el segundo disco de Varias Artistas, editado un año antes. Lo más llamativo de este entramado MIDI es como los sonidos se alejan de cualquier propiedad temporal, parecen salidos de un época inexistente: una instrumentación que no remite ni a lo retro, ni a lo moderno. La letras de este Tercer y Último Acto… comienzan a tener también una imaginario más urbano y cotidiano, que se haría aún más palpable en “El Gran Desconocido Popular, editado al año siguiente.

5 discos latinoamericanos destacados del 2018

Si se piensa en el contexto de la música alternativa que se produce en el idioma castellano, esa ambigua etiqueta denominada “música latina“ ha promovido algunos nuevos héroes y heroínas durante esta última temporada: la reluciente apuesta de Sony para reconquistar el territorio hispano parlante, por ejemplo: una catalana que fantasea con ser andaluza y juega a mezclar reggaeton y flamenco a base de autotune y nike air max. ¿O qué decir, sino, de la diva argentina criada en España que se muere por haber nacido en algún exótico país del Caribe? También nos podemos encontrar con la estrella anglo hija de colombianos que apuesta por un pop global de ritmos candentes latinoamericanizados, pero sin renunciar a su pasaporte yanqui. Y ni hablar de los reguetoneros bajados en revoluciones, reconvertidos momentáneamente en traperos para poder penetrar el sinuosos camino de la corrección política que impone el consumismo cultural de la clase medio aspiracional.
Por fuera de toda esa horda de impostores e impostoras, propensos al saqueo cultural que está tan en boga en la producción y promoción del arte en la actualidad (al que podríamos agregar, ¿por qué no?, al profeta del pop latino y cantante de protesta chileno radicado en la lujosa Los Angeles, California), este continente, este idioma, esa mixtura de ritmos y realidades tan disímiles que componen la música alternativa iberoamericana, ha otorgado durante el pasado 2018, en sus márgenes y no tanto, una notable cantidad de discos y canciones que ayudan a entender la idea de que la identidad de esta región del mundo es mucho más compleja que reducirla a sacarse una foto de prensa con un ananá en la cabeza. Algunos ejemplos:

En México obró una suerte de milagro contemporáneo con “Somos Uno“, el más reciente álbum de Centavrvs. El grupo ha intentado retomar esa idea con tan poco feedback en la actualidad pero muy rendidora en el pasado de hacer casi un trabajo de antropología musical para proyectar una obra propia. Si a Natalia Lafourcade la iniciativa la valió obtener varios Grammys, a los Centavrvs la cosa desde lo comercial no parece haberle salido tan redonda. De todos modos “Somos Uno” es posiblemente de lo más original y logrado que haya podido escucharse en el continente durante el año que recién termina: los clásicos ritmos mexicanos mixturados a la manera de un mash up, pero instrumentados con una noble elegancia, le abren camino a un repertorio de canciones que transitan por una lenta cadencia, a modo de un baile pausado pero continuo que invoca un pasado milenario para poner a andar a este grupo de buenas canciones. Centavrvs retoma con hidalguía esa misión de recuperación y reinvención de las raíces que el rock latino dejó en pausa hace tiempo atrás.
También en México, pero desde la ciudad de Monterrey, el dúo CLUBZ logró materializar un primer disco de larga duración después de 4 años de grandes videos, simples, EPs y remixes. “Destellos“ es un compendio fresco de tracks que podrían funcionar en cualquier FM del continente, y mejorarían sin dudas al dial: hits elegantes, gancheros, con alma melódica y perfectamente instrumentados hacen de “Destellos“ el manual que toda banda de pop aspiracional debería tener a mano si quiere incorporar un saxo a una canción pop y salir impune. Se destaca la impecable neo balada “Negano“, cantada y compuesta a dúo con la gran artista colombiana Ela Minus.

En Chile, ese país que tanto le ha dado al rock y pop alternativo de proyección latinoamericana en más de una década, se dio un curioso caso: sus tres “próceres“ contemporáneos (por así decirlo)“, Javiera Mena, Gepe y Alex Andwanter editaron nuevos discos durante el 2018. Sin embargo, y pese a lo que les pese a sus detractores, los galardones se los terminó llevando una vez más Cristobal Briceño. El líder del grupo Ases Falsos retomó para “Mala Fama“, cuarto y más reciente disco del grupo, su rol de gurú, productor, líder compositivo y espiritual. Grabado en un estudio sobre un lago de la Patagonia chilena, Mala Fama es, ante todo, una declaración de principios estéticos: un disco que parece abandonar toda expectativa que no sea propiamente la artística. El grupo se refugia en su paleta de reconocibles influencias para otorgar un álbum repleto de color, ritmo y exuberancia. Difícil es recordar un inicio de disco tan intenso como el que sucede en “Mala Fama”: “Así es como termina“, su track inicial, es una suerte de profecía acerca del calentamiento global que incluye una percusión cadenciosa sobre teclados atemporales, un piano salsero, solo de flauta traversa y hasta un momento de guitarra española a lo Gipsy Kings. Toda la carne al asador desde el minuto cero. Nada de timidez. Los Ases Falsos se muestra en este disco tal cual son. Tomarlos o dejarlos.

Oriundos de La Florida, una comuna en la periferia de Santiago de Chile, Niños del Cerro se alzó en el pasado 2018 como la banda que sobrevivió a una fértil pero rapidamente agotada micro escena organizada en pos de ciertas influencias del indie rock norteamericano que tuvo en el Sello Piloto una especie de espejo a lo generado en territorio argentino por el sello Laptra hace más de una década. Este tardío aglomerado de indie rock chileno periférico tenía en su premisa que las bandas se presenten en vivo en cualquier lugar (casas, terrazas, patios, la calle misma). Niños del Cerro logró combinar esa actitud DYS y los audios de guitarras norteamericanas con una impronta sudamericana bastante original. Luego de tocar en vivo sin parar durante 4 años su álbum debut “Nonato Coo”, en 2018 el grupo llegó a materializar un 2do álbum (“Lance”) con una madurez impropia del joven promedio de 23 años que tienen sus integrantes. Subidos al manto de una batería memorable que con furia y precisión marca las pautas de ritmos entre sincopados y andinos, NDC ofecee en “Lance” un trabajo conceptual indispensable para entender a una generación joven en cierto contexto sudamericano. Ansiedad, dolores de espalda y enfermedades de la edad se tornan el hilo que marca las pautas de este disco melancólico pero por momentos extrovertido. Ese contraste entre estados de ánimo tan propio del continente que también supieron explorar Mi Nave, con “Tristeza” (2016), y Las Ligas Menores, en “Fuego Artificial” (2018). Ideal para bailar llorando.

Por último, (last but not least) en el 2018 que pasó en la ciudad de Nueva York, un guitarrista del Perú exiliado en la gran metrópolis norteamericana dio a luz con su agrupación, La Mecánica Popular, a un recorrido apasionante por la salsa dura, la cumbia peruana y la psicodelia andina. Una homenaje a Fania Records, pero no a modo retrospectivo: armándose de estos géneros casi en desuso, Efraín Rozas y los suyos materializaron en “Roza Cruz” una suerte de nuevo folclore latinoamericano perfumado con el intenso poder de la nostalgia y el exilio. Añorar a la tierra dotándola de una música mágica que remite a mucho sin anclarse a nada. 6 tracks inspirados, dotados de talento, extroversión y mixtura. Un viaje instrumental imperdible. 40 minutos que no dan respiro hacen de Roza Cruz posiblemente el mejor disco de música latinoamericana editado durante 2018. Realizado, paradójicamente, por músicos que ya no viven en esta parte del continente.

En resumen:

“Somos Uno”, Centavrvs (Casete Agricultura Digital, México)

“Destellos”, CLUBZ (Buen Dia Records, México)

“Mala Fama”, Ases Falsos (Independiente, Chile)

“Lance”, Niños del Cerro (Quemasucabeza, Chile)

“Roza Cruz”, La Mecánica Popular (Names You Can Trust, NYC / Perú)