Suelo preguntarme qué habría sido del recorrido de la música nacional si 30 minutos de vida (Moris, 1970) se hubiera configurado como figura central en el canon del rock argentino, en lugar de los tótems de siempre.
La pregunta viene a cuento porque hace unas semanas volví a escuchar en vivo, después de muchos años, a Juani interpretando una insuperable canción de su repertorio temprano (“424”, del disco Uruguay, de 1999). El contexto era un documental de Oscar Favre acerca de los primeros años del colectivo PX, que recopila imágenes rosarinas inéditas del año 1999. Escuchando esa canción y algunas otras pensé que se puede aplicar una pregunta similar a la del principio: ¿cómo hubiese sido nuestra ciudad si ese, el de fines de los 1990, se hubiera convertido en el prototipo instalado de canción rosarina del siglo XXI?
Casi en simultáneo a la fría noche de PX se inauguraron los Juegos Suramericanos en la ciudad. Acontecimiento totalizante de las energías de la región. El espectáculo, pensado para la televisión pero realizado en un espacio público celosamente cercado, fue producido musicalmente por Lito Vitale y resultó particularmente excluyente para con el repertorio santafesino, provincia que hizo las veces de anfitriona de los juegos, y que a las vez los auspició, en un intento de lavado de cara e imagen acorde a la política publicitaria de eventos masivos que toda ciudad o región busca desesperadamente para atraer visitantes (e inversores).

Sólo 5 de las 20 canciones que se sucedieron en el escenario del Monumento Nacional a la Bandera fueron compuestas por un o una santafesino/a. El evento, producido íntegramente por una empresa de Buenos Aires, llevó cualquier intento de realzar una identidad provincial a un espacio residual: Soledad Pastorutti cantó “Oración del remanso”, de Jorge Fandermole, y poco más. Para el momento de la cumbia, si bien la intención claramente fue realzar la identidad santafesina dentro del género tropical, el repertorio que se eligió fue todo foráneo, a excepción de “Jurabas Tu”, clásico original del grupo santafesino Los de Fuego.
Casi en simultáneo al acontecimiento, se estrenó en YouTube un nuevo capítulo de una suerte de especial televisivo conducido por Lalo Mir llamado El curioso caso. El programa, que lleva cuatro episodios emitidos, lleva al conductor a inmiscuirse en los orígenes de algunos fenómenos musicales locales. En uno de los ellos, Mir viaja a La Plata para intentar desentrañar el mito de la música platense, pero lo hace a través de varias generaciones de artistas , y de manera bastante transversal, conectando diversas corrientes. Cuando el turno le llega a Rosario, su episodio sólo abarca la historia de la Trova Rosarina, sin mención alguna a nada de lo que pasó después. Todos estos procesos de negación de una tradición propia dejan el repertorio congelado en el tiempo, sin chances de resignificación ni evolución alguna. Si Rosario, 45 años después, sigue siendo “La trova”, pero su repertorio ni siquiera es citado en un evento masivo que intenta hacer una reivindicación de banderas santafesinas, se termina armando como un embudo: conservacionismo cultural, sin espacio de resignificación actual, pero, producto de su mismo peso muerto, negando la posibilidad de consolidar cualquier otra cosa que se haya hecho después.
Otra cosa que se me hizo presente volviendo a escuchar las tempranas composiciones de Juani (y las de Maru Conti también) es cierta sensación de combustión espontánea: no suena a “rosarino”, y por ende se activa la sensación de ligera extrañeza, de música de ningún lugar, de una localidad suspendida: íntimo, ligeramente extraño y familiar a la vez. Pero sin dudas rupturista, en el sentido de la imposibilidad de encontrar links inmediatos con una tradición. Sea tradición o vanguardia. Sea popular o de culto, lo que queda claro en estos días es que las expresiones artísticas propias han quedado una vez más reducidas a un espacio puramente residual, entre el recuerdo forzado y la incapacidad política de imaginar expresiones que encuentren un arraigo verdadero. Condenados, una vez más, a que desde Buenos Aires nos digan qué escuchar.








