Sobre intérpretes y compositores

Venía caminando una tarde escuchando aquel disco de Varias Artistas del 2011 titulado “Se Puede“. En un momento arranca a cantar Javiera Mena una balada descomunal titulada “Ya no quieras comprenderlo todo“,  y un poco que añoré, en la magnitud melódica de la canción, los años colaborativos entre Javiera y Lucas, y la aquella dinámica entre intérprete y compositor que hizo de “Varias Artistas“ un proyecto tan genial y extraño a la vez. Hoy parece desfasado para la época.

Leí recientemente en un artículo de Maximiliano Diomendi que María Ezquiaga (cantante y compositora en el grupo Rosal, y antigua asidua colaboradora de Marti, incluso se lamentó, muchos años después de haber participado del proyecto porque ahora parece disgustada con la idea de que sea un hombre quién dicte qué cantar a una mujer, quedando ésta relegada al rol de intérprete. La cita dentro del artículo de Diomendi aparece como un fragmento del libro de Romina Zanelatto “Brilla la luz para ellas“ (Marea Editorial, 2020).

Hoy se le exige simbólicamente al artista – sea mujer u hombre- que tenga la totalidad de las riendas creativas de su obra. El rol de interprete ha quedado anticuado ante una idea del artista como figura excluyente y autónoma, al menos en su aspecto público, dado que es sabido que los discos actuales celebrados desde la óptica del empoderamiento están repletos de colaboradores de todo tipo: productores artísticos, compositores e ingenieros de sonido por igual explotan en los créditos de las canciones de los discos mainstream del momento.

Justamente en la noche anterior a la me encontraba pensando en esto, Rosalía se presentó en Argentina, y entre su repertorio de la noche la artista incluyó el clásico nacional “Alfonsina y El Mar, aspecto sorpresivo del concierto, el cual los medios levantaron desesperados, describiéndola como una canción de Mercedes Sosa, lo cual, se sabe, no lo es. Al menos no es toda total magnitud (los compositores, fueron Ariel Ramírez y Félix Luna) : Mercedes Sosa nunca compuso una canción, pero su relevancia como artista jamás deberá ser puesta en discusión. Los valores de la música popular se van modificando, y tal vez en la relectura diaria del pasado bajo los valores de hoy no falte demasiado para que alguien critique la dimensión de Mercedes Sosa como artista por no haber compuesto ninguna de sus canciones. Faltaría que el revisionismo terminara por criticar a Martha Argerich por no haber compuesto las sonatas de Chopin por las que saltó a la fama.

Composición e interpretación en la historia de la música siempre fueron conceptos separados, pero a su vez recíprocos, y hoy también en muchos casos lo son, aunque se promuevan en una idea integral del artista como ente autónomo, y se haya impuesto la concepción de que el que es sólo intérprete está en falta de algo. Me gustaría un disco de Javiera Mena enteramente compuesto por Lucas Martí, no porque menosprecie a Lucas Martí como intérprete, ni a Javiera Mena como compositora, sino porque en ese cruce entre dos oficios que se precisan el uno del otro hay algo de complementación que hoy parece públicamente menospreciarse .

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