Series del 2019

Lejos de ser mi especialidad o área de mi conocimiento, tantas listas y balances de fin de año me hicieron querer escribir, sin tener demasiadas herramientas, acerca de las series que se emitieron durante este agonizante 2019. Elaborando esta lista me di cuenta de que todas las series a las que completé sus nuevas temporadas son aquellas que he disfrutado. Como a muchos les debe pasar, si la serie no engancha queda mayormente descartada de entrada.

El género que más disfruto en la televisión contemporánea es el de la comedia, en el que sí siento que tengo algunas mínimas herramientas para poder debatir y reflexionar, más aún cuando se trata de comedia norteamericana, que es la que me ha formado mis más que limitados conocimientos acerca del cine y la televisión.

En el mes de octubre del corriente 2019, con sólo dos días de diferencia, comenzaron a despedirse del aire dos comedias emblemáticas: Silicon Valley y Bojack Horseman, ambas estrenadas en 2014. Media década de gloria televisiva que se marcha, casi cabizbaja, al eco de la frase con la que Erlich Bachman, el icónico personaje de Silicon Valley que interpretó TJ Miller, sintetiza en el final de la 2da temporada de la serie de Mike Judge: «Admito que el momento cultural ya pasó».

El 2019 despidió a varias otras comedias, como la multi premiada «VEEP», «Easy» o «Crashing». ¿Será que Todd Philips no estaba tan equivocado cuando dijo que ya no se puede hacer comedia en la actualidad? Estos fueron los motivos que el director confesó como primarios a la hora de encomendarse a realizar «Joker». Si bien varios de sus colegas salieron a repudiar estos dichos, la realidad es que si a las series de comedia canceladas durante el corriente año se le suma que 2019 no entregó tampoco nuevas temporadas de «Atlanta» ni de «Curb Your Enthusiasm», el pronóstico de Philips no parece tan errado. Barry sería la última esperanza de la comedia norteamericana en televisión, a la espera de que Netflix no cancele la notable GLOW (cosa más que probable).

2019 justamente fue el año en que HBO le dio salida a sus dos comedias más celebradas y galardonadas de la última década: en VEEP y en Silicon Valley se notan muchos paralelismos en lo compleja que resulta la ficción cómica cuando la realidad supera largamente a esta. ¿Una sátira política en tiempos de Trump? ¿Una sátira acerca de la industria tecnológica en tiempos de venta de datos de usuarios, juicios a Facebook y debate acerca de la neutralidad de Internet? Son temas que se tornaron muy actuales en la órbita pública, y que llevaron a ambas series, en sus inicios crudas y despiadadas, a comenzar a trabajar con el freno de mano puesto. La cadena HBO, lejos de despedirlas con honores, apeló simplemente a la piedad de que puedan dar por terminada la ficción de un modo mínimamente honrado para que sus fans puedan compartir algunas breves horas más con estos personajes. Ambas temporadas finales estuvieron lejísimos de los momentos de gloria de dichas series, pero sirvieron como consuelo para fieles seguidores que no se sienten atemorizados de poder seguir riéndose de lo que tengan ganas de reírse. Un triunfo de la corrección política, a la espera de que el 19 de enero regrese Larry David a poner las cosas en su lugar con la esperada décima (¿y última?) temporada de «Curb Your Enthusiasm».

Curiosamente (vaya paradoja), la mejor serie de 2019 terminó siendo una comedia, o algo así. «Barry» parece tener todos los elementos necesarios para convertirse en la comedia canónica de los nuevos tiempos de auto censura, sacando el nervio de la risa hacia otros lugares menos esperados, como el absurdo, la acción y las referencias al policial negro. Alec Berg, unos de los showrunner de la serie, es un ya veterano productor que sabe perfectamente cómo hacer encajar sus productos al «momento cultural», y se encargó de meter otro hit mientras despedía a Silicon Valley, serie que él también comandaba.

En términos de televisión dramática, HBO también despidió con tibieza y timidez a una de las mejores serie del lustro, «The Deuce». Otra de las gemas televisivas del titánico David Simon, acompañado una vez mas por su fiel ladero, el escritor George Pelecanos, pasó sus tres temporada defendiéndose de las acusaciones a James Franco, de la crueldad de sus escenas de sexo, de las noticias alrededor de la incomodidad que sufrieron sus actrices durante la filmación de la primer temporada y en la posterior contratación de una coordinadora para escenas intimas. Todo este asunto de hacer una serie cruda y sin sutilezas acerca del Nueva York de los 70 y el nacimiento y apogeo de la industria pornográfica no podría poder haber estado menos a tono con los requerimientos morales de la época. La primer temporada fue emitida justo antes de las acusaciones ante Harvey Weinstein y el nacimiento del movimiento «Me Too» , coyuntura que por la naturaleza sexual (humana, en verdad) de la propuesta, terminaron aislando la serie y la cadena se sintió obligada a no darle la visibilidad que merecía, ni quiera ofreciéndola como posible candidata a las temporadas de premios acto paradójicamente injusto para con la epopéyica actuación de Maggie Gyllenhaal, quien fue además productora en The Deuce).
Un acto de tremenda injusticia, no sólo por el porte de su autor, sino por el calibre dramático que la serie demostró tener durante tres magníficas temporadas: un refugio ante la frivolidad televisiva, y el canto anti romántico hacia una ciudad que no existe más. Hasta con cierto anacronismo, es difícil imaginar al usuario promedio de Netflix sometiéndose a la crudeza anti estetizante de Simons y Pelecanos. The Deuce fue posiblemente el drama de la década, pero muchos se encargaron de que pocos se enteraran.

En resumen, irrelevante TOP 10 personal del 2019:

1. Barry (T2, HBO)

2. The Deuce (T3, HBO)

3. Succession (T2, HBO)

4. Easy (T3, Netflix)

5. GLOW (T3, Netflix)

6. Silicon Valley (T6, HBO)

7. Fleabag (T2, BBC)

8. State of the union (T1, Sundance TV)

9. VEEP (T7, HBO)

10. True Detective (T3, HBO)

Mención especial para la encantadora y honesta «Crashing», de Pete Holmes, comedia producida por Apatow que HBO despidió sin pena ni gloria durante el 2019.

Lucas Marti, el último prócer.

Lucas Martí despidió a su banda y a una etapa de 14 años conformada por un inagotable cancionero en una colmada noche invernal en el local La Confitería, del barrio porteño de Colegiales. Lo que pudo haber sido una noche de auto homenaje y nostalgia terminó resultando un tributo de Marti hacia su propia banda, que lo acompaño (con algunos cambios de formación mediante) durante estos 14 años.

Martí, alejado como es costumbre de cualquier postura demagógica, interpretó canciones de todos sus discos, incorporando a la lista todas las facetas musicales y epocales de su discografía en solitario. Bien puedo haber elegido interpretar dos horas de power pop del bueno, pero a sus usuales hits de antaño les fue mechando emotivos momentos baladasticos (la hermosa “Margen de Error”, “ y “Por El Vértigo”, casi acústica, en uno de los momentos más lacrimógenos de la noche), otros intensos despliegues de rock combativo con guitarras que se prendían fuego (a la cabeza, la brutal “Rompehielos”), y algunos lados B de sus discos más pop («Mensaje», posiblemente la mejor canción de “Tu Entregador”, o “¿Y si no?”, del seminal “Simplemente”).
Además, para darle relieve a la importancia que tuvo su banda en estos años de recorrido, Marti evitó la presencia de invitados especiales (bien pudo haberlo hecho, dado que Martí colaboró con gran parte del establishment del ya no tan “nuevo” rock argentino).
La emoción fue sumando en intensidad con el transcurrir de las dos horas de show, en lo que resultó un sincero y emotivo homenaje del artista más que nada a su entorno, el que lo acompañó durante todos estos años. Martí evitó además alusiones a cualquier otro proyecto que no sea el de sus discos en solitario. Se basó exclusivamente en canciones de sus nueve discos solistas, es por eso que, aún con el recuerdo intacto de una noche mas que especial, me tomo el atrevimiento de hacer un ranking de los que, para mi, son sus mejores cinco discos de dicha etapa, excluyendo del listado otros proyectos de Marti (Varias Artistas, u otras colaboraciones).

Martí se despide de 14 años de pop dejando un legado inmenso, alejado de la demagogia y a la condescendencia, males que son comunes denominadores de la escena actual de la música argentina. Martí fue una figura extraña, ajena, siempre más atento a construir una obra que a defenderla en los medios. La ausencia total de dichos medios culturales, tanto en la difusión como en la cobertura de una noche tan importante para la música argentina como fue la del viernes, da cuenta de la acertada lectura que hace Marti de por qué este contexto cultural ya no hace apropiada la producción de estos materiales. Solo el tiempo dirá si la obra de Marti se termina cononizando, como debería, a la altura de los grandes próceres de la canción argentina.

“El Gran Desconocido Popular” (Los Años Luz, 2013)

En 2013, el grupo que acompañaba en vivo a Lucas Marti en vivo llevaba ya cuatro años sin cambios de formación, y logró, merecidamente y justo a tiempo, plasmar ese trabajo de arreglos y sonido en lo que sería el mejor disco de la carrera solista de Marti: “El Gran Desconocido Popular”, de 2013, es un disco, ante todo, político. Organizado conceptualmente alrededor de los sentimientos de impotencia generados por la tragedia de Once, Martí logra en este álbum combinar virtuosamente dos mundos propios que hasta entonces parecían divididos dentro de su propia obra solista: por un lado las canciones de pulso pop, instrumentadas por las texturas de teclados, baterías algo sintéticas y punzantes riffs de guitarras, que habían alcanzado su pico sonoro en “Pon en Práctica tu Ley”. Por otro lado, ese mundo mas intimista que Martí logró retratar en su trilogía de “últimos actos de noción”: letras más largas, desarrollos formales extendidos y diversos, donde la letras comienzan a trazar universos mas personales y encriptados. Ambos mundos se nutren entre sí a la perfección en “El Gran Desconocido Popular”, título que también funciona como una suerte de parodia de la percepción que siempre se tuvo Marti dentro del contexto del rock argentino.

2) “Segundo y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2009)

Luego de su par de años posiblemente mas mediáticos (el primer disco de Varias Artistas, y su disco pop in extremis “Pon en Práctica tu ley» fueron, en su momento, bastante difundidos), Marti parte al medio su discografía en solitario para entrar en un terreno mucho más intimista y personal. Acompañado prácticamente sólo por su guitarra acústica, Marti desarrolla un recorrido extremo de 24 tracks confesionales e introspectivos que abandonan toda impronta de posible frivolidad pop, o costumbrismo lírico que había sido moneda corriente en alguno de los tracks de sus discos más pop, y que había llegado a cierto agotamiento en algunas canciones de “Pon En Práctica tu Ley”. Martí comenzaba su tercera década de vida barajando y dando de nuevo, tornándose un letrista excepcional, que ya no sólo podía ser ingenioso o ocurrente, sino desarrollar líricamente un mundo privado e interior fascinante, donde todos miedos y temores quedan expuestos en un álbum cuasi confesional y excesivo, por la densidad musical y la sinceridad de sus letras. 80 Minutos de Marti en estado puro.

3) “Tu Entregador” (Los Años Luz, 2006)

De los época en la que Marti editaba uno o dos discos al año. A su debut doble de 2005 se le agregó rápidamente, en 2006, su primer disco “de banda”, arreglado para batería, bajo, guitarra y teclado, interpretado íntegramente por su banda de entonces, que venía acompañándolo en sus primeras presentaciones en solitario. El Marti con mayor desparpajo juvenil y picante de letras se muestra, entre sintetizadores retro monofónicos y guitarras ingeniosas, como una maquina de la canción entre fresca y ocurrente, entre ella “Programa Perfecto”, que se se convirtió en lo mas parecido a un hit que haya producido. Paradójicamente, lo mejor de “Tu Entregador” se halla cuando la banda baja un cambio y se entrega canciones más complejas, como “Mensaje”, o la increíble balada “Reaccionar”. La mayor gema, sin embargo, queda en manos del tema que la da título el disco: “Tu Entregador” quedará como una canción indeleble, de las más emblemáticas de su discografía.

4) “Primer y Último Acto de Noción (Los Años Luz, 2005)

El debut discográfico solista de Lucas Marti vino, desde el vamos, dividido en dos. Lanzados en simultáneo, pero como dos discos independientes entre si (aunque complementarios), “Simplemente” mostraba la faceta mas pop de Lucas, que luego desarrollaría en profundidad y en formato de banda con “Tu Entregador” y «Pon En Práctica tu Ley”. “Primer y último acto de noción”, por su lado, mostraba la faceta más experimental del autor: un folk desmenuzado por cierta fantasía de sintetizadores y experimentación sonora. Algo que ya se encontraba presente en los últimos discos de A Tirador Laser. En Primer y Último… la dupla de producción Marti – Yuliano Acri, que ya venía desempeñando en la producción de los últimos discos de A Tirador, aquí se muestra en su punto más álgido, en donde las canciones despojadas de Marti son cubiertas de un tratamiento sonoro cercano a la música concreta. Baterías desarmadas, sintetizadores, una instrumentación mínima para un primer acercamiento a esta trilogía, que resultaría vital para la discografía del autor. Se destaca “La Orden”, uno de los temas mas inspirados y logrados del binomio debut.

5) “Tercer y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2012)

Lucas Marti cerró en 2012 de manera definitiva su trilogía de «Acto de Noción» con «Tercer y Último Acto de Noción», en donde el espíritu de sus predecesores aparece un tanto solapado con cierta agresividad musical y de letras que desde el vamos lo convierte en posiblemente su disco más barroco. Con «Pacto con el diablo», su primer track, ya pone la carne al asador, con una letra y una estrcutura delirante en su ritmo compuesto de seis octavos. La instrumentación parece estar un tanto enlazada con el tratamiento MIDI que su utilizó en «Se Puede», el segundo disco de Varias Artistas, editado un año antes. Lo más llamativo de este entramado MIDI es como los sonidos se alejan de cualquier propiedad temporal, parecen salidos de un época inexistente: una instrumentación que no remite ni a lo retro, ni a lo moderno. La letras de este Tercer y Último Acto… comienzan a tener también una imaginario más urbano y cotidiano, que se haría aún más palpable en «El Gran Desconocido Popular, editado al año siguiente.

5 discos latinoamericanos destacados del 2018

Si se piensa en el contexto de la música alternativa que se produce en el idioma castellano, esa ambigua etiqueta denominada “música latina“ ha promovido algunos nuevos héroes y heroínas durante esta última temporada: la reluciente apuesta de Sony para reconquistar el territorio hispano parlante, por ejemplo: una catalana que fantasea con ser andaluza y juega a mezclar reggaeton y flamenco a base de autotune y nike air max. ¿O qué decir, sino, de la diva argentina criada en España que se muere por haber nacido en algún exótico país del Caribe? También nos podemos encontrar con la estrella anglo hija de colombianos que apuesta por un pop global de ritmos candentes latinoamericanizados, pero sin renunciar a su pasaporte yanqui. Y ni hablar de los reguetoneros bajados en revoluciones, reconvertidos momentáneamente en traperos para poder penetrar el sinuosos camino de la corrección política que impone el consumismo cultural de la clase medio aspiracional.
Por fuera de toda esa horda de impostores e impostoras, propensos al saqueo cultural que está tan en boga en la producción y promoción del arte en la actualidad (al que podríamos agregar, ¿por qué no?, al profeta del pop latino y cantante de protesta chileno radicado en la lujosa Los Angeles, California), este continente, este idioma, esa mixtura de ritmos y realidades tan disímiles que componen la música alternativa iberoamericana, ha otorgado durante el pasado 2018, en sus márgenes y no tanto, una notable cantidad de discos y canciones que ayudan a entender la idea de que la identidad de esta región del mundo es mucho más compleja que reducirla a sacarse una foto de prensa con un ananá en la cabeza. Algunos ejemplos:

En México obró una suerte de milagro contemporáneo con “Somos Uno“, el más reciente álbum de Centavrvs. El grupo ha intentado retomar esa idea con tan poco feedback en la actualidad pero muy rendidora en el pasado de hacer casi un trabajo de antropología musical para proyectar una obra propia. Si a Natalia Lafourcade la iniciativa la valió obtener varios Grammys, a los Centavrvs la cosa desde lo comercial no parece haberle salido tan redonda. De todos modos “Somos Uno” es posiblemente de lo más original y logrado que haya podido escucharse en el continente durante el año que recién termina: los clásicos ritmos mexicanos mixturados a la manera de un mash up, pero instrumentados con una noble elegancia, le abren camino a un repertorio de canciones que transitan por una lenta cadencia, a modo de un baile pausado pero continuo que invoca un pasado milenario para poner a andar a este grupo de buenas canciones. Centavrvs retoma con hidalguía esa misión de recuperación y reinvención de las raíces que el rock latino dejó en pausa hace tiempo atrás.
También en México, pero desde la ciudad de Monterrey, el dúo CLUBZ logró materializar un primer disco de larga duración después de 4 años de grandes videos, simples, EPs y remixes. “Destellos“ es un compendio fresco de tracks que podrían funcionar en cualquier FM del continente, y mejorarían sin dudas al dial: hits elegantes, gancheros, con alma melódica y perfectamente instrumentados hacen de “Destellos“ el manual que toda banda de pop aspiracional debería tener a mano si quiere incorporar un saxo a una canción pop y salir impune. Se destaca la impecable neo balada “Negano“, cantada y compuesta a dúo con la gran artista colombiana Ela Minus.

En Chile, ese país que tanto le ha dado al rock y pop alternativo de proyección latinoamericana en más de una década, se dio un curioso caso: sus tres “próceres“ contemporáneos (por así decirlo)“, Javiera Mena, Gepe y Alex Andwanter editaron nuevos discos durante el 2018. Sin embargo, y pese a lo que les pese a sus detractores, los galardones se los terminó llevando una vez más Cristobal Briceño. El líder del grupo Ases Falsos retomó para “Mala Fama“, cuarto y más reciente disco del grupo, su rol de gurú, productor, líder compositivo y espiritual. Grabado en un estudio sobre un lago de la Patagonia chilena, Mala Fama es, ante todo, una declaración de principios estéticos: un disco que parece abandonar toda expectativa que no sea propiamente la artística. El grupo se refugia en su paleta de reconocibles influencias para otorgar un álbum repleto de color, ritmo y exuberancia. Difícil es recordar un inicio de disco tan intenso como el que sucede en «Mala Fama»: “Así es como termina“, su track inicial, es una suerte de profecía acerca del calentamiento global que incluye una percusión cadenciosa sobre teclados atemporales, un piano salsero, solo de flauta traversa y hasta un momento de guitarra española a lo Gipsy Kings. Toda la carne al asador desde el minuto cero. Nada de timidez. Los Ases Falsos se muestra en este disco tal cual son. Tomarlos o dejarlos.

Oriundos de La Florida, una comuna en la periferia de Santiago de Chile, Niños del Cerro se alzó en el pasado 2018 como la banda que sobrevivió a una fértil pero rapidamente agotada micro escena organizada en pos de ciertas influencias del indie rock norteamericano que tuvo en el Sello Piloto una especie de espejo a lo generado en territorio argentino por el sello Laptra hace más de una década. Este tardío aglomerado de indie rock chileno periférico tenía en su premisa que las bandas se presenten en vivo en cualquier lugar (casas, terrazas, patios, la calle misma). Niños del Cerro logró combinar esa actitud DYS y los audios de guitarras norteamericanas con una impronta sudamericana bastante original. Luego de tocar en vivo sin parar durante 4 años su álbum debut “Nonato Coo”, en 2018 el grupo llegó a materializar un 2do álbum (“Lance”) con una madurez impropia del joven promedio de 23 años que tienen sus integrantes. Subidos al manto de una batería memorable que con furia y precisión marca las pautas de ritmos entre sincopados y andinos, NDC ofecee en “Lance” un trabajo conceptual indispensable para entender a una generación joven en cierto contexto sudamericano. Ansiedad, dolores de espalda y enfermedades de la edad se tornan el hilo que marca las pautas de este disco melancólico pero por momentos extrovertido. Ese contraste entre estados de ánimo tan propio del continente que también supieron explorar Mi Nave, con “Tristeza” (2016), y Las Ligas Menores, en “Fuego Artificial” (2018). Ideal para bailar llorando.

Por último, (last but not least) en el 2018 que pasó en la ciudad de Nueva York, un guitarrista del Perú exiliado en la gran metrópolis norteamericana dio a luz con su agrupación, La Mecánica Popular, a un recorrido apasionante por la salsa dura, la cumbia peruana y la psicodelia andina. Una homenaje a Fania Records, pero no a modo retrospectivo: armándose de estos géneros casi en desuso, Efraín Rozas y los suyos materializaron en “Roza Cruz” una suerte de nuevo folclore latinoamericano perfumado con el intenso poder de la nostalgia y el exilio. Añorar a la tierra dotándola de una música mágica que remite a mucho sin anclarse a nada. 6 tracks inspirados, dotados de talento, extroversión y mixtura. Un viaje instrumental imperdible. 40 minutos que no dan respiro hacen de Roza Cruz posiblemente el mejor disco de música latinoamericana editado durante 2018. Realizado, paradójicamente, por músicos que ya no viven en esta parte del continente.

En resumen:

“Somos Uno”, Centavrvs (Casete Agricultura Digital, México)

“Destellos”, CLUBZ (Buen Dia Records, México)

“Mala Fama”, Ases Falsos (Independiente, Chile)

“Lance”, Niños del Cerro (Quemasucabeza, Chile)

“Roza Cruz”, La Mecánica Popular (Names You Can Trust, NYC / Perú)