Lucas Martí despidió a su banda y a una etapa de 14 años conformada por un inagotable cancionero en una colmada noche invernal en el local La Confitería, del barrio porteño de Colegiales. Lo que pudo haber sido una noche de auto homenaje y nostalgia terminó resultando un tributo de Marti hacia su propia banda, que lo acompaño (con algunos cambios de formación mediante) durante estos 14 años.
Martí, alejado como es costumbre de cualquier postura demagógica, interpretó canciones de todos sus discos, incorporando a la lista todas las facetas musicales y epocales de su discografía en solitario. Bien puedo haber elegido interpretar dos horas de power pop del bueno, pero a sus usuales hits de antaño les fue mechando emotivos momentos baladasticos (la hermosa “Margen de Error”, “ y “Por El Vértigo”, casi acústica, en uno de los momentos más lacrimógenos de la noche), otros intensos despliegues de rock combativo con guitarras que se prendían fuego (a la cabeza, la brutal “Rompehielos”), y algunos lados B de sus discos más pop («Mensaje», posiblemente la mejor canción de “Tu Entregador”, o “¿Y si no?”, del seminal “Simplemente”).
Además, para darle relieve a la importancia que tuvo su banda en estos años de recorrido, Marti evitó la presencia de invitados especiales (bien pudo haberlo hecho, dado que Martí colaboró con gran parte del establishment del ya no tan “nuevo” rock argentino).
La emoción fue sumando en intensidad con el transcurrir de las dos horas de show, en lo que resultó un sincero y emotivo homenaje del artista más que nada a su entorno, el que lo acompañó durante todos estos años. Martí evitó además alusiones a cualquier otro proyecto que no sea el de sus discos en solitario. Se basó exclusivamente en canciones de sus nueve discos solistas, es por eso que, aún con el recuerdo intacto de una noche mas que especial, me tomo el atrevimiento de hacer un ranking de los que, para mi, son sus mejores cinco discos de dicha etapa, excluyendo del listado otros proyectos de Marti (Varias Artistas, u otras colaboraciones).
Martí se despide de 14 años de pop dejando un legado inmenso, alejado de la demagogia y a la condescendencia, males que son comunes denominadores de la escena actual de la música argentina. Martí fue una figura extraña, ajena, siempre más atento a construir una obra que a defenderla en los medios. La ausencia total de dichos medios culturales, tanto en la difusión como en la cobertura de una noche tan importante para la música argentina como fue la del viernes, da cuenta de la acertada lectura que hace Marti de por qué este contexto cultural ya no hace apropiada la producción de estos materiales. Solo el tiempo dirá si la obra de Marti se termina cononizando, como debería, a la altura de los grandes próceres de la canción argentina.
“El Gran Desconocido Popular” (Los Años Luz, 2013)
En 2013, el grupo que acompañaba en vivo a Lucas Marti en vivo llevaba ya cuatro años sin cambios de formación, y logró, merecidamente y justo a tiempo, plasmar ese trabajo de arreglos y sonido en lo que sería el mejor disco de la carrera solista de Marti: “El Gran Desconocido Popular”, de 2013, es un disco, ante todo, político. Organizado conceptualmente alrededor de los sentimientos de impotencia generados por la tragedia de Once, Martí logra en este álbum combinar virtuosamente dos mundos propios que hasta entonces parecían divididos dentro de su propia obra solista: por un lado las canciones de pulso pop, instrumentadas por las texturas de teclados, baterías algo sintéticas y punzantes riffs de guitarras, que habían alcanzado su pico sonoro en “Pon en Práctica tu Ley”. Por otro lado, ese mundo mas intimista que Martí logró retratar en su trilogía de “últimos actos de noción”: letras más largas, desarrollos formales extendidos y diversos, donde la letras comienzan a trazar universos mas personales y encriptados. Ambos mundos se nutren entre sí a la perfección en “El Gran Desconocido Popular”, título que también funciona como una suerte de parodia de la percepción que siempre se tuvo Marti dentro del contexto del rock argentino.
2) “Segundo y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2009)
Luego de su par de años posiblemente mas mediáticos (el primer disco de Varias Artistas, y su disco pop in extremis “Pon en Práctica tu ley» fueron, en su momento, bastante difundidos), Marti parte al medio su discografía en solitario para entrar en un terreno mucho más intimista y personal. Acompañado prácticamente sólo por su guitarra acústica, Marti desarrolla un recorrido extremo de 24 tracks confesionales e introspectivos que abandonan toda impronta de posible frivolidad pop, o costumbrismo lírico que había sido moneda corriente en alguno de los tracks de sus discos más pop, y que había llegado a cierto agotamiento en algunas canciones de “Pon En Práctica tu Ley”. Martí comenzaba su tercera década de vida barajando y dando de nuevo, tornándose un letrista excepcional, que ya no sólo podía ser ingenioso o ocurrente, sino desarrollar líricamente un mundo privado e interior fascinante, donde todos miedos y temores quedan expuestos en un álbum cuasi confesional y excesivo, por la densidad musical y la sinceridad de sus letras. 80 Minutos de Marti en estado puro.
3) “Tu Entregador” (Los Años Luz, 2006)
De los época en la que Marti editaba uno o dos discos al año. A su debut doble de 2005 se le agregó rápidamente, en 2006, su primer disco “de banda”, arreglado para batería, bajo, guitarra y teclado, interpretado íntegramente por su banda de entonces, que venía acompañándolo en sus primeras presentaciones en solitario. El Marti con mayor desparpajo juvenil y picante de letras se muestra, entre sintetizadores retro monofónicos y guitarras ingeniosas, como una maquina de la canción entre fresca y ocurrente, entre ella “Programa Perfecto”, que se se convirtió en lo mas parecido a un hit que haya producido. Paradójicamente, lo mejor de “Tu Entregador” se halla cuando la banda baja un cambio y se entrega canciones más complejas, como “Mensaje”, o la increíble balada “Reaccionar”. La mayor gema, sin embargo, queda en manos del tema que la da título el disco: “Tu Entregador” quedará como una canción indeleble, de las más emblemáticas de su discografía.
4) “Primer y Último Acto de Noción (Los Años Luz, 2005)
El debut discográfico solista de Lucas Marti vino, desde el vamos, dividido en dos. Lanzados en simultáneo, pero como dos discos independientes entre si (aunque complementarios), “Simplemente” mostraba la faceta mas pop de Lucas, que luego desarrollaría en profundidad y en formato de banda con “Tu Entregador” y «Pon En Práctica tu Ley”. “Primer y último acto de noción”, por su lado, mostraba la faceta más experimental del autor: un folk desmenuzado por cierta fantasía de sintetizadores y experimentación sonora. Algo que ya se encontraba presente en los últimos discos de A Tirador Laser. En Primer y Último… la dupla de producción Marti – Yuliano Acri, que ya venía desempeñando en la producción de los últimos discos de A Tirador, aquí se muestra en su punto más álgido, en donde las canciones despojadas de Marti son cubiertas de un tratamiento sonoro cercano a la música concreta. Baterías desarmadas, sintetizadores, una instrumentación mínima para un primer acercamiento a esta trilogía, que resultaría vital para la discografía del autor. Se destaca “La Orden”, uno de los temas mas inspirados y logrados del binomio debut.
5) “Tercer y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2012)
Lucas Marti cerró en 2012 de manera definitiva su trilogía de «Acto de Noción» con «Tercer y Último Acto de Noción», en donde el espíritu de sus predecesores aparece un tanto solapado con cierta agresividad musical y de letras que desde el vamos lo convierte en posiblemente su disco más barroco. Con «Pacto con el diablo», su primer track, ya pone la carne al asador, con una letra y una estrcutura delirante en su ritmo compuesto de seis octavos. La instrumentación parece estar un tanto enlazada con el tratamiento MIDI que su utilizó en «Se Puede», el segundo disco de Varias Artistas, editado un año antes. Lo más llamativo de este entramado MIDI es como los sonidos se alejan de cualquier propiedad temporal, parecen salidos de un época inexistente: una instrumentación que no remite ni a lo retro, ni a lo moderno. La letras de este Tercer y Último Acto… comienzan a tener también una imaginario más urbano y cotidiano, que se haría aún más palpable en «El Gran Desconocido Popular, editado al año siguiente.