Vuelve conmigo a Italia

Cuando Julieta comenzó a pensar en irse a Italia para hacer los trámites de extranjería y conseguir un pasaporte europeo, se me vino a la mente “Vuelve conmigo a Italia”, la canción del dúo catalán Hidrogenesse. Creo de que todas las veces que la escuché sólo me quedó en la memoria su estribillo, su lema, que repite como mantra el título de la canción. Tengo entendido que el grupo la grabó en varias oportunidades, fiel a su espíritu revisionista para con su propia obra. Hay varias versiones en Internet. Una de ellas, un cover hecho por el grupo español Triángulo de Amor Bizarro.

La canción tiene varias aristas que se me fueron haciendo presentes una vez que finalmente volví a escucharla en toda su extensión, por afuera de su repetitivo leitmotiv. Describe unas vacaciones de verano en Italia que van quedando viejas en el recuerdo. Una foto que se torna sepia. Es entonces que su protagonista propone rehacer el viaje, ya no en la memoria, solo como recuerdo nostálgico de un verano de juventud y desparpajo, sino como muestra de un presente que tome el lugar del recuerdo. Primero le dice a su partenaire: “¿Recuerdas esas fotos? Podemos volver a tomarlas “. Manifestación de un recuerdo que se disipa, necesitado de una actualización que reemplace el tono borroso de la memoria. Pero luego, sobre el final de la canción el grupo con su enorme capacidad sintáctica, reemplaza el recuerda por el olvida, porque en definitiva la propuesta de volver a Italia propone un borrón y cuenta nueva. ¿Para qué precisamos de las viejas fotos? Mejor volvamos a tomarlas. Es entonces cuando la canción toma una vía antinostálgica, y el entusiasmo se apodera de su espíritu. Antes, el pico sentimental se manifiesta en ese pasado que queda impregnado en el recuerdo de la melodía añeja de aquella canción del verano, “nuestra canción “, otro recuerdo difuso.

Mientras escribo esto estoy transitando mi segundo verano del año, y no tengo la mas mínima idea de cuál ha sido la canción del verano austral en mi país, ni menos aún cuál es la canción de este verano, aquí en las costas del Mediterráneo. Todo me recuerda, sin embargo, a un verano en las sierras de Córdoba (las argentinas, no las españolas) donde Fernando de la Riestra, en cuero y con una guitarra de cuerdas de acero, intentaba ponerle música a ese poema de DG Helder que decía “La canción del verano interrogaba nuestra siesta con sus gritos de pájaros “.

Hidrogenesse se pregunta si no existirá aún en Italia una disco pasada de moda donde aún pongan esa canción de aquel verano. Esa melodía que queda impregnada en un solo momento, y que nos remite de modo automático al lugar en donde nos encontrábamos pasando el verano cuando esa canción estuvo de moda. Tal vez el título de hit del verano se dirima sólo en los paradores de playa y discotecas de ciudades costeras, y por eso en la ciudad sea un concepto añejo.

En su pico nostálgico, la armonía de la canción se modifica, apareciendo por vez primera un acorde alterado, tomado prestado de su escala homónima menor, que saca a la canción de su aparente monotonía, y la convierte en su clímax. Ya la melodía no podría tornarse más visual. Resuenan las escenas de discoteca balnearias de todas esas películas de amor de verano.

La virtuosa versión de TDAMB, deudora de una idea de kraut rock pasada por anfetaminas, en su determinación de guitarras llevando la armonía en paralelo, cual un Stereolab reforzado de volumen, logra hacer de esta sorpresa armónica algo mucho mas emotivo, hasta en algún punto exagerando, por su característica mas expresionista , y volviéndolo mas obvia, pero más efectiva a su vez.

En definitiva, mientras leo Futurofobia, el libro de Héctor García Barnes, me pregunto qué tanta fobia al futuro representa verdaderamente esta canción, si esta propuesta de recrear unas vacaciones añejas se ancla en un deseo puramente de manifestación de que “nada mejor que el pasado“, o si es todo una broma que se desata cuando el protagonista le pide a su partenaire que lo olvide todo, total, podemos volver a perdernos , volver a dejarnos sorprender y asombrar, y que tal vez todos los veranos puedan potencialmente ser el mejor verano del nuestras vidas, y todas las canciones del verano ser “nuestra canción“.

Un verano que no nos contempló

«Jazmín Chino» es una canción del grupo platense 107 Faunos que logró cierta popularidad por fuera de la órbita del grupo gracias a que Santiago Barrionuevo, líder y compositor del grupo El Mató a Un Policía Motorizado , suele interpretarla en vivo en sus conciertos como solista. Era común observar a Barrionuevo haciendo canciones de sus contemporáneos menos renombrados (107 Faunos, Antolín, Javi Punga, algún otro) y otorgándole a estas canciones otra vida, una segunda, mas expansiva que la que su recorrido original podría ofrecer.

La canción escrita por Javier Sisti Ripoll (co fundador y compositor principal en 107 Faunos) y Florencia Cugat termina con una frase muy evocativa: «Quiero morir cuando termine este verano». Ahora es muy común que cuando los veranos argentinos comienzan a transitar su ecuador, alrededor del mes de febrero nos topemos por doquier con gente en internet usando la frase compuesta por Sisti Ripoll y popularizada por Barrionuevo. «Quiero morir cuando termine este verano».

Cuando el verano del 2021 estaba en su línea descendente me volví a topar, luego de 15 años, con «El Correr el Agua», canción inédita del compositor rosarino Fernando de la Riestra, que formaba parte del repertorio de su grupo, Mundo Bizarro. La canción musicaliza el fragmento de un poema homónimo de Fabian Casas , incluido en su libro «Tuca». (1990) . De la Riestra, fallecido por COVID en 2020, musicalizó una gran cantidad de poemas de Casas, muchos de ellos aún inéditos, incluso algunos nunca registrados.

Justamente es Fabian Casas una de las tantas celebridades de la cultura argentina que suelen aparecer en las redes sociales del cantante de El Mató a un policía motorizado. Se sabe que en el mercado de bienes culturales, el círculo con el que uno se rodea es de un valor substancial . Barrionuevo no deja pasar mucho tiempo sin mostrar públicamente quienes son sus amigos famosos en sus redes sociales. Come un asado con Casas, juega un fútbol cinco con Vicentico, bebe algún cocktail con Esteban Lamothe alrededor de una pileta. El reality show de un posible linaje artístico porteño.

Como a tantos otros poemas que musicalizaba algo libremente, De la Riestra tenía el hábito (para enfado de los escritores) de cambiar algunas palabras para tornarlas musicalizables, o para que ingresaran mejor en el registro melódico. O puede que tal vez cambiara alguna palabra porque en el proceso las iba alterando, no las anotaba, o la memoria las iba modificando en el proceso de asimilación de la canción. En «El correr del agua», en donde en el poema de Casas se lee «está culminando un verano«, en la canción de De la Riestra se canta «está terminando un verano«. Curiosamente el cambio de culminando hacia terminando lleva por traslación al poema de Casas a una zona de mayor parentesco aun con la canción de 107 Faunos . Veranos que terminan, o están por terminar. Uno que parece hacerlo luego de cierto júbilo («Jazmín Chino»), y otro que termina sin pena ni gloria. Entre ambos, la idea del agua que no se ve. Las ciudades que le dan la espalda al río, el sonido de lo acuático sólo como el rumor de una alcantarilla. Aunque en Rosario, donde nació De la Riestra, si hay río, y se puede ver y escuchar, por mas que la sequía sea cada vez mas severa. Tal vez este próximo verano sea el que la ciudad no contemple al río, el río no contemple al verano, y así sus otras múltiples combinaciones.

Apéndice: volví a escuchar un concierto de 107 Faunos hace algunos meses, luego de varios años, y si hay algo que supera enormemente la versión de Jazmín Chino interpretada por sus ejecutantes originales por sobre sus re interpretaciones es esa suerte de auto boicot que se produce en los cierres de las frases: el grupo aúlla, ese grito tan característico que rompe con la seriedad melódica que la canción tiene. Un giro repentino en donde se rompe lo meloso por contraste, apelando a una forma de humor y también un punto distintivo de un grupo que siempre supo que tomarse demasiado en serio podía ser un gesto inconducente.

¡Supersónico!, tres décadas luego

Estuve celebrando íntimamente los 35 años de Los Autenticos Decadentes escuchando en repeat «¡Supersónico!», el disco que con el tiempo empecé percibir como el más logrado dentro de la vasta discografía del grupo. Lanzando al mundo en el año 1991, el disco fue producido por Sergio Rotman quien admite, en la biografía del grupo publicada por Fernando Sanchéz hace algunos años, que LAD nunca superaron el set de canciones que compone dicho álbum , y esto según el productor, se debe al halo de oscuridad que rodeaban a las canciones. La aparente alegría musical del grupo contrastaba virtuosamente con letras donde la desazón y cierto lumpejane típico de la época eran evidentes. Los primeros años del post alfonsinismo, y los ecos de la hiperinflación estaba latentes. El grupo enarbola esas penas en un mejunje estilístico de una nostalgia por un país castigado, logrando una unidad en el caos inusitada e inédita, incluso para con su discografía posterior. Algunos años después se convertirían en la banda sonora del menemismo, firmarían contratos discográficos millonarios en dólares, etc, pero en aquel disco aún co existía una lírica punk urbana con un pastiche musical típicamente argentino.

Hace algunas semanas, Francisco Ocampo decía en twitter que Los Auténticos decadentes y Babasónicos son las primeras 2 bandas de la historia de la música nacional, en el sentido de que ambos son grupos que jamás podrían haber nacido en otro lugar que en Argentina. Aunque a esa afirmación, con la que coincido, habría que agregarle que son grupos típicamente de Ciudad de Buenos Aires. Todo su imaginario está constituido alrededor de la gran ciudad capital argentina. Para los que no nacimos, ni vivimos ni nos criamos en BsAs, aún son fenómenos musicales muy autóctonos que a veces dificultan su dimensión si son vistos desde afuera. Un rara avis en la última erosión de un siglo XX que apostaba por lo totalizante de la globalidad cultural, Los Auténticos Decentes siempre hicieron folclore de la Ciudad de Buenos Aires, no hay mejor modo de definir su irresistible obra. Justamente algunos días atrás, la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires le otorgó al grupo un reconocimiento por sus 35 años como grupo. Sin dudas Los Auténticos Decadentes hicieron más por la preservación de la cultura popular porteña que la mayoría de los cuadros políticos contemporáneos.

Para sumarle algún otro matiz a la reflexión de Ocampo, Babasónicos comparte con Los Auténticos Decadentes la virtud de no haberse rendido ante las inclemencias de la industria musical en retirada para el fin de la convertibilidad de los resabios del 2001. Las multinacionales aprovecharon las llamas sobre el país para devolverle a los artistas sus contratos discográficos (muchas veces sobre pagados, y en dólares). Mientras algunos de los grupos mas convocantes sobre los albores del siglo XXI como Los Fabulosos Cadillacs e Illya Kuryaki and the Valderramas ponían pausa indefinida a sus carreras ante la imposibilidad económica de sostener a sus equipos con la devaluación inminente (ambos cortaron su actividad justamente en el año 2001), Babasónicos y LAD nunca abandonaron sus carreras , aún ante las dificultades coyunturales del país. Incluso supieron aprovecharlo, y darle al país los primeros hits de esperanza renovada de los tempranos días nestoristas.

El pasado viernes 15 de octubre Los Auténticos Decadentes visitaron Rosario para celebrar en al Anfiteatro (Municipal, aunque ya cada vez menos público) sus 35 años como banda. En sus conciertos en vivo, al menos desde hace 15 años para acá, el grupo se disuelve sobre el escenario para entregarle al público una catarata de hits, una suerte de karaoke masivo y a cielo abierto. No caben en el set list ningún desliz ni guiño hacia un posible público algo mas familiarizado con la profundidad de su repertorio. Casi que no hace falta haber escuchado ningún disco completo de LAD para sentirse parte de la fiesta. El grupo es consciente que las canciones son mas grandes que sus propios dotes como artistas, anulando cualquier veleidad como autores, entendiendo con el público busca de manera casi terapéutica revivir sus vivencias y su propia historia autobiográfica para con estos himnos atemporales.

En un intentando fallido de encontrar paralelo entre 1991 y 2021 se puede decir que, como era de esperarse y para no desmentir lo dicho anteriormente, Los Auténticos Decadentes omitieron del repertorio de su concierto aniversario toda canción perteneciente a «!Supersonico!» . Como testimonió Jorge Serrano en la entrevista que le hizo con motivo al concierto JC Revello para La Capital, «nos empezamos a decantar como un grupo clásico, que toca en la calle Corrientes, hace varias funciones, y para nosotros eso no era para nada normal.» Es decir, el público se torna familiar, se abandona toda característica de grupo de rock, justamente ellos, que 28 años reiventaron a Alberto Castillo, y siempre mantuvieron esa relación de recelo con el rock, un grupo de meta rock devenido en clásico y defensor acérrimo de su propio canon, revitalizado sin descanso.

Algunos discos semi ocultos en la Argentina del 2020

En un año 2020 nefasto desde donde se lo mire, la crisis sanitaria no ha hecho más que (entre infinidad de cosas muchas mas graves) continuar apeando a una escena que sólo sobrevive desde el amiguismo y la politiquería barata. Una escena independiente y alternativa que sobrevuela solo como un cada vez menos tibio recuerdo de días mejores, o al menos más justos a la hora de pensar una distribución equitativa de los recursos necesarios para promover una obra. La industria del like se llevó puestos a medios especializados, salas de conciertos, y a interesantes propuestas que, antes que abandonar la carrera hacia una noble intrascendencia, prefirieron jugar con las reglas del enemigo con tal de no perder el tren de la relevancia. Aquí, algunos discos ignorados por el público y los medios que vieron la luz en la Argentina durante el peor año de este aún joven pero ya decepcionante siglo XXI (ordenados por fecha de lanzamiento)

«Artimañas del Rap», Varios Artistas. (Independiente)

Siempre un rara avis, Michael Mike fue un grupo demasiado porteño y concheto para el público enardecido del indie rock chabón de finales de la primera década del siglo. Pero en su afán de experimentación y ausencia de complejos – aunque posiblemente por algo generacional también- nunca lograron tampoco aceptación por parte del ala más aspiracional del nuevo pop argentino (eso que algunos medios llamaron vagamente «la nueva generación»). El grupo, ya en un impasse obligado como parte de la ola de denuncias virtuales circa 2017 a algunos integrantes de Onda Vaga, vio en la producción hacia otros proyectos (Diosque, Weste) un espacio para continuar con su desfachatada visión del pop. En el año en el que el rap argentino movilizado por la música urbana llegó al mainstream absoluto, este combo de los tres miembros fundadores de MM + Juan Román Diosque dio vida a un intento por reubicar un sentido del rap nacional bien argentino, repleto de humor, ironía, y rimas delirantes. Con una producción a la altura de sus honores, Artimañas del Rap suena con la frescura inmediata de un disco hecho entre amigos, donde los prejuicios se quedaron del lado de fuera de la puerta de entrada al estudio. Con una nula – aunque entendible – recepción (e intento por generarla), aquellos valientes que se animen a este álbum saldrán queriendo repetir al infinito esta bocanada de aire fresco.

«5″, José Unidos. (Fuego Amigo Discos)

El sello independiente Fuego Amigo Discos celebró en el año 2020 su primera década de vida ahorrándose casi cualquier gesto auto dedicatorio para concentrar sus fuerzas en hacer lo que siempre hicieron tan bien: editar buenos discos (editaron más de 22 lanzamientos, entre sencillos, EP y LP durante el 2020). Uno de los que más gratamente me ha sorprendido fue el del grupo José Unidos: canciones de factura artesanal magistralmente instrumentadas por una orquesta de cámara conducida por Hernán Agrasar. A contramano de la inmediatez obligada del consumo musical al que confieren las plataformas digitales, “5” es un disco de lenta maduración; todas las canciones se toman el tiempo necesario para ser desarrolladas en su integridad, donde la elegancia de la instrumentación amalgama a la perfección con la urgencia post punk de las letras. Extraño conjunto, José Unidos, que casi no se presentan en vivo, tienen nula presencia en redes sociales, pero que cada un par de años editan estas pequeñas tesis de la canción. Difícil encontrar en este año algo tan diferente a la era de la inmediatez que este disco. Una antítesis vital.

«Secreto», Isla Mujeres. (Independiente)

De todos los discos nombrados aquí, posiblemente el de este grupo de La Plata sea el que más unanimidad haya generado entre público y crítica. Isla Mujeres genera entusiasmo en sus canciones, y la holgada, aunque precisa producción de «Secreto», colabora en completar el objetivo de reunir todos los aspectos que hicieron del grupo una prometedora propuesta, dentro del desalentador panorama del indie local. Isla Mujeres maximiza sus recursos instrumentales en pos de embellecer a su variedad de composiciones. El eclecticismo en este caso no va en demérito de una producción homogénea en la que variedad y sobriedad se equilibran virtuosamente . Un verdadero paso al frente tras un rendidor primer LP (Otras, de 2017), que de haber sido lanzado durante un año en la vieja normalidad seguramente le hubiera dado al grupo una plataforma de shows y merecida visibilidad.

«Desposeído», El Dependiente. (El Libertador Música / Discos Panoram)

El primer trabajo de Marcelo Zeoli (ex cantante de Los Látigos) en ocho largos años de silencio discográfico es un conciso compendio de ocho canciones. Sin estridencias, y alejado del histrionismo pop del pasado, las canciones de «Desposeido» se nutren sólo de una instrumentación indispensable, orgánica y por momentos orquestal. Texturas que tejen las capas necesarias que operan como sustento para la voz de Zeuli, en modo naturalismo urbano pop, aunque lejos del costrumbrismo imperante. Excelente producción de Yuliano Acri, una vez más. Un artesano de la instrumentación para canciones pop anti populistas.

«La ruta del opio», Melero & Tuñón. (Bultaco Discos)

Album programático prácticamente instrumental de Daniel Melero en colaboración con Diego Tuñón. Una demostración más de que los saberes de Melero tienen márgenes insospechados alrededor, y no se limitan a su concepción de la canción de autor. «La ruta del opio» es en verdad un viaje conducido por dos alquimistas del pop que dejaron por un rato de lado las convenciones melódicas para entregarse a un despliegue de música ambient, aleatoricismo, y principalmente elegancia, mucha elegancia.

«Bordes», Guazuncho. (Fuego Amigo Discos)

Séptimo álbum de estudio de este cada vez mas prolífico músico, productor y multi instrumentista nacido y residente en la Ciudad de Corrientes,  Iñaki Zubieta. Desde hace una década, bajo el pseudónimo de Guazuncho, ha elaborado una abundante discografía que reaviva tensiones entre vanguardia y tradición. En «Bordes», Zubieta vuelva a pivotar y despliega una instrumentación mas acústica que en otros trabajos mientras sigue explotando los recursos melódicos de una voz cada vez mas segura de si misma, que ya no precisa esconderse en capas de efectos para ser efectiva.

«Ruidos Molestos«, Piter Mazda (Lagunera Discos)

Segundo álbum de estudio para este proyecto solista del músico chascomusense Pedro Pertusi. Una re lectura delirada de lo que comúnmente solía llamarse rock nacional. Piter Mazda dialoga con sus propios materiales de manera desfachatada entre varios climas, en donde el humor no condiciona la condición firme y homogénea de la producción. Al igual que otros exponentes de su generación, Pertusi no aplica la desafección como síntoma excluyente del cuidado sonoro. Ambos mundos conviven impunemente en este hilarante viaje de un artista valeroso.

Bonus Track: «Sombra en el agua», Miguel Ward (EP) (El Castillo Discos)

No suelo incluir discos cortos, EP´s o sencillos en estos recuentos anuales, pero la belleza de estas tres nuevas canciones de Miguel Ward editadas ya en el ocaso del año 2020 ameritan la excepción. Una suerte de aliciente, estas nuevas canciones de Miguel Ward, para aquellos días finales de tan desafortunado año calendario.
Las tres canciones que componen el EP están arregladas sólo con los elementos necesarios para que la melodía transite. Esas melodías tan características de Miguel, en donde nada parece forzado. Palabra procede palabra, nota procede a nota, con la naturalidad de los elegidos.
Esa exactitud melódica de los afectos. La sencillez camuflada que tanto se extraña en 107 Faunos desde que Miguel dejó, en 2018, el grupo que fundó.

10 Discos por los Diez años de Fuego Amigo Discos

El sello discográfico con base en Ciudad de Buenos Aires Fuego Amigo Discos está cumpliendo en este imprevisto año 2020 una década de vida. Con un catálogo que supera con amplitud la centena de publicaciones, FAD nucleó durante mediados de la década pasada a varios ineludibles puntos altos de una posible edad de oro de la música independiente que pasaba por BsAs. Calada a sangre por recitales, ferias de discos, y espíritu autogestivo, artistas emblemáticos del indie argentino de la década del 10´ como Mi Amigo Invencible, Tobogán Andaluz, Bosques, Guazuncho, El Estrellero, Pyramides, Temporada de Tormentas, entre muchos otros, supieron rodearse alrededor del fuego durante su pico creativo. Fuego Amigo resultó ser un ineludible semillero, siempre atentos a las coordenadas de lo que sucedía en cada rincón del país para intentar amplificarlo desde su base de operaciones en Buenos Aires. Algunos de los grupos luego crecieron, dejando al sello de lado en la búsqueda por cumplir sus expectaciones artísticas en espacios mas dóciles a los ingratos tiempos que hoy conlleva administrar un grupo en internet, en esa lucha permanente que se pugna contra la vida algorítmica. Internet, de aliado a enemigo, en esa transición se movió la década de este emblemático sello del que solo el tiempo podrá ubicar su inagotable trabajo y cantera en el lugar que merece.

Aquí, una caprichosa selección de diez grandes discos dentro de su centenario catálogo:

«Cauce», Guazuncho (2012)

Radicado momentáneamente en Ciudad de Buenos Aires, el excelso productor y músico correntino Iñaki Zubieta utilizó los tiempos libres de su grupo Las Liebres para colaborar en discos y conciertos en vivo de una buena cantidad de artistas que sobre comienzos del 2010 iniciaban una nueva vida musical en BsAs provenientes en su mayoría de otras provincias argentinas, al igual que Zubieta (Bruno Masino, Diosque, Bosques, Posavasos). El prolífico Zubieta, bastándose solo de un noble MicroSampler de Korg, comenzó a dar rienda suelta a su proyecto personal, que hasta el día de hoy otorga notables resultados de experimentación quirúrgica entre vanguardia y tradición. «Cauce», su segundo disco bajo el alias de Guazuncho, muestra en su tapa la postal correntina por antonomasia: un atardecer que cae sobre el puente General Manuel Belgrano que une a las localidades de Resistencia y Corrientes por sobre el Río Paraná. En «Cauce», el sampler del bandoneón típico del chamamé de la región toma usos que hacía de creer que el folclore electrónico podría convertirse en algo mas logrado que esos referentes actuales que combinan poco imaginativamente beat y poncho con intenciones for export. Guazuncho inició desde Buenos Aires una revolución inconclusa en la búsqueda por renovar desde la experimentación electrónica algo del folcrore del litoral. Aún «Cauce» sigue allí, por si alguien quiere retomar tan loable trabajo.

«La Nostalgia Soundsystem», Mi Amigo Invencible (2014)

Menos reconocido y celebrado que su sucesor, «La Danza de los Principiantes», «La Nostalgia Soundsystem» podría considerarse el primer disco porteño del combo mendocino Mi Amigo Invencible, y uno de los álbumes más logrados de mediados de la década pasada. Previo al intento forzado por parte de los periodistas y programadores musicales, ávidos por hacerse valederos de la próxima gran novedad, de promover todo el hype inconcluyente alrededor de la movida mendocina (lastimosamente agrupada bajo el término «Manso Indie») MAI entregó un disco conmovedor, un complejo y vertiginoso tratado sobre la extrañeza de empezar de cero en otra ciudad, con cierto dejo de nostalgia hacia una entorno más natural que se dejaba atrás, como subtexto a todo lo que el humano suele relegar a la naturaleza. Sin entregarse a un naturalismo hippie, a mitad de camino entre la ciudad y ese campo que evoca animales salvajes, el grupo muestra diversos climas en sus canciones que logran homogeneizarse por una naturaleza grupal que no se negocia. Se hace difícil saber a primera escucha cuántos son los cantantes del grupo, dada la variedad de tonos que se manejan. De ese colectivismo extrañado pero entregado al fuego grupal ante el exilio se valen las mejores canciones que Mi Amigo Invencible escribió hasta la fecha.

«El centro del vacío», Bosques (2014)

Año particularmente prolífico para la música joven e independiente de argentina, el 2014 también dio nacimiento a «El centro del vacío», el segundo disco de Bosques, un dúo atípico que, usando algunos ropajes del rock espacial que patentó Jason Pierce, logró invertir la trama festiva del indie rock vernáculo hacia una experiencia musical reflexiva, calma y meditativa. El rock experimental de «El Centro del vacío» muestra bosquejos de una instrumentación ajena al rock (piano, chelo, violín) con precisos espasmos incendiarios de la guitarra de Marcos Díaz, mientras que la voz de Juan Cruz Del Cerro se cierne entre haiku melódicos que suenan como mantras. Bosques se despojaba de este modo de toda la impostura barrial que invadía a los «Festipulentas» de la década pasada para someterse a la estricta inspiración de un viaje fascinante sin concesiones costumbristas. Un clásico del futuro.

«Deja un rato piola», Cristóbal Briceño (2014)

Además de siempre tener una oreja puesta en todo lo que acontecía lejos de los límites de la Avenida General Paz, la comitiva de Fuego Amigo Discos también tendió sus redes sobre las experiencias colectivas musicales que se sucedían en los países limítrofes, siendo facilitadores de ediciones locales de grupos independientes de la zona Mercosur (Molina y Los Cósmicos y Carmen Sandiego de Uruguay, por ejemplo) y promoviendo intercambios que permitieron escuchar en vivo en Argentina a varios grupos uruguayos y chilenos. En 2014, pleno fulgor de la selección chilena que mostró un fútbol brillante en el Mundial de Brasil, Ases Falsos se consagraba como un grupo de referencia regional gracias a la edición de «Conducción», su segundo disco que, como primer corte de difusión, incrustó en la memoria una balada imperecedera: «Simetría». Algo contrariado por una repentina y creciente popularidad, el líder del grupo, Cristóbal Briceño, eligió editar su primer disco en solitario, «Deja un rato piola», lejos de su zona de influencia: Fuego Amigo Discos y Polvo Bureau se encargaron de hacer circular el primer repertorio solista de Briceño, logrando que su peculiar obra comience a moverse en territorio argentino, donde tanto el autor como el grupo en ese entonces aún no habían puesto el pie.

«Recordatorio», Mariscal de Campo (2014)

La re construcción de la escena indie argentina de comienzos de siglo se caracterizó por un particular interés de parte de los artistas independientes en pasar las fronteras de sus ciudades de origen. Internet, aún como aliado en aquellos primeros años años, permitió un movimiento constante de grupos que permitió puntos de confluencia en ciudades que albergaron festivales y maceraron a fuego lento micro escenas en focos alejados de los conflictos identitarios porteños, acrecentados en la era pos Cromañón. Casi 700 kilómetros separan la Ciudad de Punta Alta (provincia de BsAs) de la Ciudad de Buenos Aires, pero la urgencia de las canciones de Mariscal de Campo no asimila distancias irrecorrible. Si algo supo Fuego Amigos Discos fue intentar agrupar aquello que en distancia física parecía lejano, pero que a los oídos sonaba cercano. De dichos buenos años para la música independiente manufacturada lejos de la redacción de Página 12, «Recordatorio», el álbum debut de Mariscal de Campo, fue de lo mas celebrado de días de internet libre a bordo del ramal Bahía Blanca – Constitución.

«Acordes Químicos» – Homenaje a Stereolab, Varios Artistas (2015)

Este disco doble de 2015 reúne por primera y única vez a un destacado y a la vez improbable grupo de artistas de todas partes del país que homenajean a Stereolab. Aunque difuso, el halo que el emblemático grupo franco inglés logró trazar entre una generación de músicos locales que profesan su admiración fue notable en la configuración de algunos puntos de contacto en la disparidad de la escena argentina del siglo XXI. A cinco años de su edición, el mérito de sus compiladores radicó en descodificar ese hilo y poder concretar un álbum doble, inmenso en su recorrido, variedad y profusión por un grupo sin igual que caló hondo en las aspiraciones de libertad de un rock independiente que media década atrás aún transitaba por una etapa de optimismo.

(Al momento del lanzamiento de «Acordes Químicos», en 2015, escribimos junto Aníbal Pérez una reseña de dicho álbum doble para el sitio Rosario Indie. Si les interesa ahondar en Stereolab y en este compilado pueden leerla desde aquí).

«La primera exploración», Temporada de Tormentas (2015)

Oriundos de la localidad bonaerense de Haedo, oeste del conurbano bonaerense, Temporada de Tormentas logró con su segundo álbum de estudio dotar de elementos de space y math rock a la agotada lírica que el rock independiente argentino del siglo XXI. Si el Indie Rock macerado en Festi Pulentas terminó repitiéndose en una fórmula que sumaba las guitarras del indie americano con melodías y alegorías cada vez mas cercanas al rock barrial de los 90´, TdT al menos logró equilibrar la ecuación en este gran disco circa 2015. Con una producción luminosa por parte de Guillermo Beresñak (otro hijo pródigo de Zona Oeste), el grupo suena en «La Primera Exploración» como una gran orquesta de rock, con lúcidos arreglos corales de guitarras en sincronía, esperando el momento de la explosión definitiva.

«Calypso Club», Entidad Animada (2016)

En medio de un impasse con su grupo Bosques, Marcos Díaz – sublime guitarrista en el dúo, y miembro además de Sue Mon Mont – colgó la guitarra por un tiempo y comenzó a colaborar con otros diversos proyectos, incluido su espacio de composición y experimentación sonora como solista, Entidad Animada. En «Calypso Club», uno de los mejores discos del años 2016, recupera algunas viejas y olvidadas composiciones instrumentales y las reúne con un repentino repertorio de ambient, drone y cierta sutileza del dream pop para amenizar un sugestivo viaje de 47 minutos. El recurso de muestrario de samplers que Díaz pone en circulación en «Calypso Club» privilegia las texturas melódicas, como una gran jam virtual en la que salen y entran muestras de diversas y hasta opuestas fuentes sonoras, siempre privilegiando cierto contenido melódico, cercano al pop, y hasta al kitsch, como cuando entran maravillosamente en armonía las voces de Andrea del Boca y Gabriel Corrado entre fraseos de saxo que se desprenden de una linea de rhodes en loop. La canción se titula, por supuesto, «Paloma y Julián» . Con este guiño costumbrista de citar una telenovela argentina , Entidad Animada se corre de la gravedad que invade cierta premisa del género ambient y afines, y de algún modo logre infiltrar un gesto que descomprime. Diaz se corre del pedestal de artista sonoro para entregarse de manera lúdica a los materiales que samplea siempre con una premisa de búsqueda melódica que enaltezca el viaje que se propone. El Video que acompaña el full album en YouTube también ayuda a comprar los boletos para el recorrido: una recreación completa de una de las misiones del clásico videojuego de Sega, Out Run.

«Vacíos y Variables», Pyramides (2017)

Tal vez no haya imagen mas representativa del triunfo del indie de barrio como banda sonora del último período presidencia cristinista que la de Bestia Bebé tocando en vivo en el programa de televisión Duro de Domar en 2014. Ya entrados los primeros años del gobierno de Cambiemos la arenga hedonista del indie chabón se había entumecido, y varios de sus exponentes se vieron obligados a apagar la distorsión e intentar sonar desafectados para competir en las grillas de festivales con los niños mimados del neoliberalismo: el pop macrista, igual de apolítico que sus rivales del indie del conurbano bonaerense, fue el triunfo musical de los 12 ininterrumpidos años de gobierno del PRO en la ciudad de Buenos Aires. Sonido sintético, cierta ambigüedad sexual, discurso meritócrata y ningún riesgo artístico asumido por parte de una generación posideológica, criada al frío del Festival Ciudad Alterna, BAFICI y ArteBa.

En 2017, ya cuando la crisis arrimaba a casi todas las puertas de los hogares argentinos, quizás Pyramides haya de los pocos grupo que entendió que la naturalista lírica hedonista del indie argentino del período no tenía correlato posible con la cruda realidad de las calles. Esto no implica que Pyramides con «Vacíos y Variables», su álbum debut, se haya adentrado en el territorio del rock político, pero sí que tuvo la sensibilidad suficiente como para retratar magistralmente un mundo gris, descolorido, apático y conflictivo. Armándose de las valiosas armas del post punk, podría decirse que Facundo Romeo, su cantante y principal compositor, encontró una voz lejana a la desafección neoliberal: enfadado, serio, sus relatos temperamentales logran una cohesión que Pyramides materializó a la perfección en un clima de angustia que ya no podía (ni debía) seguir ocultándose.

«5», José Unidos (2020)

Para que este recuento no termine siendo solo un repaso excesivamente nostálgico por un pasado un tanto mas amable, cabe destacar que en este año pandémico del 2020, Fuego Amigo Discos celebró su primera década de vida ahorrándose casi cualquier gesto auto dedicatorio para concentrar sus fuerzas y hacer lo que siempre hizo tan bien: editar discos. Llevan a la fecha 22 lanzamientos sólo desde que arrancó el año. Uno de los que más gratamente me ha sorprendido fue el del grupo José Unidos. Canciones de factura artesanal, magistralmente instrumentadas por una orquesta de cámara conducida por Hernán Agrasar. A contramano de la inmediatez obligada del consumo musical al que confieren las plataformas digitales, «5» es un disco de lenta maduración. Todas las canciones se toman su tiempo en ser desarrolladas en su integridad, donde la elegancia de la instrumentación amalgama a la perfección con la urgencia post punk de las letras. Extraño conjunto, José Unidos, que casi no se presentan en vivo, tienen nula presencia en redes sociales, pero que cada un par de años editan estas pequeñas tesis de la canción. Difícil encontrar en este año algo tan diferente a la era de la inmediatez que este disco. Una antítesis vital.

Otros discos del catálogo de Fuego Amigos Discos que quedaron afuera de esta caprichosa selección, y que sin dudas merecen ser escuchados: «Fantasía Peligro» (Medalla Milagrosa, 2018) / «Trayectoria» (La Gran Pérdida de Energía, 2018) / «El Destierro» (Césped, 2017) / «Valles» (La Venganza de Cheetara, 2016) / «Drama» (El Estrellero, 2016) / «La era del chacal» (Explotados por Jaime, 2015) / «El Nacimiento» (Manuel Embalse, 2015) / «Las Jóvenes Lechuzas» (Las Jóvenes Lechuzas, 2013) / «Una vuelta más sobre el eje imaginario» (Digisagas, 2011) y muchos otros más!

Aristocracia hereditaria y «famosismo» en la música argentina actual.

Editorial use only. No book cover usage. Mandatory Credit: Photo by Van Redin/20th Century Fox/Kobal/REX/Shutterstock (5881652a) Naidu Ajay,, Ron Livingston, David Herman, Richard Riehle Office Space – 1999 Director: Mike Judge 20th Century Fox USA Scene Still Comedy

En la semana que pasó se hablo demasiado en internet, una vez mas, acerca de la meritocracia. Lejos de querer sumar ruido a un debate ya de por si muy acalorado e incesante, es interesante el enfoque que hace Ezequiel Fernández Moores acerca de la meritocracia en el mundo del deporte. En su columna del miércoles pasado en La Nación escribe que la «aristocracia hereditaria» jamás podría aplicar en el deporte, en donde ni siquiera Messi podría asegurarle heredar la 10 del Barcelona a sus hijos. Pero, me pregunto, ¿cómo podría aplicar esto en la música? Casualmente, de manera mayoritaria, las personas relacionadas con las industrias creativas o culturales no logran, en principio, registrar la manera en la que el status quo aplica en las formas de difusión y distribución de bienes culturales. Hace tiempo que en la música se ve una «aristocracia hereditaria» que nos ofrece semanalmente la música de «los hijos de». Los hijos de famosos son el producto cultural por excelencia del sistema de valores culturales del porteñocentrismo argentino. La semana pasada, la novedad en los pocos medios culturales que quedan fue totalizada por la hija menor de Spinetta, la última del clan que quedaba pendiente incorporar al sistema cerrado y sellado de difusión y promoción de la industria del espectáculo.

Hace poco volví a mirar después de mucho tiempo la obra maestra de Mike Judge, Office Space (1999), donde en un hilarante diálogo dentro de la oficina, los protagonistas se preguntan qué harían con un millón de dólares, dado un psicólogo de la secundaria les decía que según el hobby que uno eligiera practicar ya sin necesidades económicas, lo que respondas debería de convertirse en tu oficio, como si lo que te apasionara fuese por default lo que te daría dinero. A lo que uno responde que si fuese por eso, no existirían porteros, porque a nadie se le ocurriría ser un apasionado de la limpieza. Esta reflexión pone en cuestionamiento ese video viral con el que se eligió castigar a esa bizarra estrella que es Nathy Peluso, donde en una entrevista hace alusión explícita a la meritocracia en decir que si haces lo que amas serás exitosa y el dinero vendrá solo. Justamente esta semana Peluso volvió a ser viral por el lanzamiento de su nuevo disco, con miles de réplicas que se burlan de su acento, su forma de cantar, de hablar, de bailar etc. ¿Qué efecto logró tanta crítica hacia su personaje? Por supuesto, toda noticia es una buena noticia. Sus reproducciones se dispararon y hace días que es trend topic. ¿Cuántos nuevos lanzamientos argentinos se perdieron entre el ruido generado por la polémica perfectamente capitalizada de Peluso?

Increíblemente, a pesar de los discursos anti meritocracia que se leen por parte del progresismo cultural, son poco los que dentro de las industrias creativas ponen en cuestionamiento el éxito de un artista o producto. Pareciera como si el éxito y la relevancia de un artista no se pudiesen poner en discusión. El artista que reclama atención es mal visto, mientras que aquel que se acerca a poseer dotes de celebridad pasa a tener el status indiscutido de «famoso», y es el «famosismo» la forma de consumo más celebrada por aquellos que componen las industrias del espectáculo. Se quiere imponer que el famoso se hace famoso porque lo merece, no porque haya un sistema de difusión y promoción coaptado por las majors. El gran mérito del mainstream actual es continuar perpetuando el mito de que «cualquiera puede ser viral», cuando es notorio el reposicionamiento de las mismas en el sistema de distribución actual de la música en la región. Disfrazan sus productos de contenido independiente, camuflando sus influencias, tan decisivas en el éxito de sus productos en la década de los 90´como ahora.

Sería entonces interesante empezar a rever el sistema falazmente meritocrático de las industrias creativas para empezar a darse cuenta que en la búsqueda viralidad tampoco hay igualdad de oportunidades.

La Memoria de un beso

«Siento que mi generación arrastra tradiciones, técnicas y un montón de conocimiento que ya no se utilizan. Es como haber forjado la mejor espada, una muy buena, que la martillaste y la preparaste para la batalla y cuando vas a luchar… todos tienen rifles».

Lucas Marti para Revista Rolling Stone, junio de 2020

Desde hace algunas pocas semanas ronda en varios hogares argentinos un loop melódico mental, un mantra que se repite en medio de situaciones de entrecasa:

«Quiero la memoria de un beso
Con la fantasía de un posible regreso
Quiero limitarnos a bailar por un rato como relámpagos»

Lucas Marti, el gran desconocido popular, se mantuvo muy activo durante esta fatídica etapa de cuarentena. Como es de su costumbre, le escapó a los mandamientos auto impuestos por la industria de internet y siguió publicando música en diversos formatos y formaciones: algunas canciones suyas sueltas interpretadas por cantantes mujeres, que dice, formará parte de un futuro disco (particularmente bella «Voz de gigante», cantada por Inés Adam), un nuevo adelanto de su grupo hard rock «Atentado Legal», con un video impactante, entre medio de tutoriales subidos a Instagram y Youtube para aprender los entreverados acordes de algunas gemas de su inmenso repertorio. Además, fue invitado por Lito Vitale en su programa de la TV Pública para interpretar a dúo una canción inédita suya.

«La memoria de un beso», su nueva canción, llega en medio de la ya vacía de antemano y viciada polémica suscitada por el trapero Trueno de hace algunas semanas, producto del contenido de la letra uno de sus tracks donde afirmaba que el trap era el nuevo rock and roll. El efecto fue inmediato a nivel mediático, donde afirmaciones y contra afirmaciones provenientes desde ambos lados del mostrador se manifestaron con el mismo nivel de retrogradación. Un provocador adolescente dentro de un género para adolescentes, que genera reacciones encontradas, dos caras de una misma moneda: el rockero viejo ofendido, y el rockero viejo que aprueba la moción, haciéndose el joven y empático para con las nuevas generaciones.

No vale la pena seguir agregando leña al fuego hecho con un árbol ya viejo y caído. Tanto detractores como aliados de Trueno no lograron más que seguir colaborando para que muchísima música producida en territorio argentino pase, una vez más, desapercibida, infravalorada, ninguneada, discriminada por las nuevas formas de consumo y replicación de contenidos, todos a su manera cómplices de fomentar el vaciamiento cultural vivido a diario. En este contexto penoso Lucas Marti, a pesar de haberse retirado del pop el año pasado, con un concierto majestuoso en La Confitería de Ciudad de Buenos Aires, sigue otorgando, bajo el formato que sea, canciones que auguran un futuro algo mejor. Un faro que no para de alumbrar. ¿Cómo un artista de 40 años, sin promoción, sin entregarse a los recursos estéticos de la juventud mainstream, y sin impostar un lenguaje impropio de su edad, logra viralizar una canción tan hermosa como esta? Sin featurings, sin vivos de Instagram, sin listas de Spotify. Incluso la canción ni siquiera está, al día de hoy, disponible en Spotify. Tal vez «La memoria de un beso» signifique, además, una necesaria inspiración para los otros músicos jóvenes, de poder encomendar una obra si tener que leer tutoriales acerca de promoción, marketing, cuánto tiene que durar una canción para que la ponga en la lista de Spotify, que sonido tiene que tener para agradarle al Editor, cuáles cuentas de influencers seguir, a qué celebridad (o hijo de celebridad) chuparle las medias para que la cosa funcione.

¿Qué mejor manera de replicar una sentencia auto afirmativa de una canción con otra canción? «Aunque trueno nos diga que el rock ya no es nuestro te quiero mostrar lo que tengo» reza «La Memoria de un beso», en un estribillo superlativo con la fuerza melódica de una legión, que parece comenzar a derruir momentáneamente los enormes prejuicios que se han tenido para con la obra y figura de Marti por parte de gran parte de las referencias musicales argentinas, que aparentan ir cayendo rendidas por este oasis hecho canción.

Panorama Iberoamericano 2020

Ser latino está de moda en Estados Unidos aunque no seas latino. Se les llama «Latinx». En los Premios Oscar pasados, algunos medios clasificaron la candidatura de Antonio Banderas como mejor actor dentro de los candidatos «de color» de la ceremonia, por lo que queda claro que cualquier minoría racial entra dentro de la misma bolsa a la hora de premiar diversidad. Hace algunos meses, Lido Pimienta (excelente cantante y compositora colombiana, radicada en Canadá) hacía ruido en Twitter al anunciar (en ambos idiomas) que la cantante furor española, Rosalía, no era latina. Era tan blanca y hegemónica como cualquier otra. Pasa que, desde el triunfo inexorable de «Despacito» en 2017 como la canción en castellano más redituable de la historia después del mega hit mundial La Macarena (Los Del Río, 1996), cantar en español (o castellano) se ha convertido en la estrategia de cabecera de las major a la hora de vender música. Lo latino vende. No hace falta retroceder demasiado para recordar cómo artistas mainstream del tipo Robbie Williams o Christina Aguilera (aprovechando que era medio ecuatoriana) debían cantar a comienzos del milenio sus singles tanto en inglés como en castellano para salir a competir por ese mercado pujante que había dejado latente «La Macarena», con Miami como epicentro. Veinte años después el panorama parece replicarse, con la música latina y cantada en español como contender a los primeros lugares de charts y en las temporadas de premios de la industria. Cantantes como la reguetonera Becky G, nacida y criada en Los Angeles, aprovechan su descendencia latina (los abuelos de Becky G nacieron en México) para salir al mercado como una cantante latina, con sus mega hits radiales todos cantados en castellano. Si antes el epicentro comercial era la Miami de Gloria y Emilio Estefan , hoy todas la miradas conducen a Puerto Rico, la tierra de Ozuna, Bud Bunny, y otros pesos pesados del regueton / trap. ¿Cómo proyectar una obra en territorio latinoamericano que no reniegue de sus orígenes, pero que no comulgue necesariamente con ese imaginario gangster puertoriqueño? ¿Existe otra historia de la música latina que no sea la que Estados Unidos vende como novedad en su batea del momento? Aquí, un breve repaso por algunos artistas que en el transcurrir de 2019 pusieron de manifiesto en su obra todas estos interrogantes y más.

El caso Hidrogenesse: avant pop antropológico.

El duo electro pop experimental catalán de culto Hidrogenesse confeccionó, no sólo uno de sus discos más logrados de sus veinte años de impecable trayectoria, sino uno de los mejores de habla hispana en lo que transitó el 2019. Casi a modo de pop antropológico, el dúo aprovechó sus extendidas y corrientes visitas a México para hacer un disco de música latina. ¿A la antigua? Claro, pero está hecho todo con los mejores sintetizadores y cajas de ritmo de un estudio de lujo en París. Instrumentos de electrónica retro para confeccionar los géneros que transitan por «Joterias Bobas»: el bolero, el mambo, el chachachá, desviados y deformados por las increíbles y cada vez mas inspiradas letras del señor Carlos Ballesteros. ¿Vanguardia antropológica o nostalgia aggiornada? Difícil explicar este tan vivaz experimento sonoro. Hidrogenesse fantasea con musicalizar algunas de las películas de la filmografia de Luis Buñuel y le era de oro del cine mexicano, pero sin resignarse solamente a un ejercicio de estilo retro. El título «Joterías Bobas» es toda una declaración de principios anti victimistas de parte del dúo: la expresión «Joterias», en México, es una acepción para «mariconadas». Lo que alguna vez fue un comentario homofóbico recibido en tierras aztecas se convirtió en la leña principal del disco con el que Ballesteros y Genís Segarra le declaran su amor incondicional a la cultura y al pueblo mexicano.

Helado Negro: brown and pride en tiempos de Trump.

Helado Negro, el proyecto musical que comanda Roberto Carlos Lange, viene siendo referencia absoluta a la hora de hablar del género alt latino dentro del territorio estadounidense. Lange, de 40 años recientemente cumplidos, nació en el Estado de Florida, siendo hijo de inmigrantes ecuatorianos. Las influencias de la música latina que se escuchaba en los barrios del sur de Florida, habitada en su mayoría con inmigrantes latinos, en donde el idioma castellano se usa tanto como el inglés, se fue mixturando virtuosamente con el trabajo académico de Lange como estudiante de Arte y Diseño Sonoro en la Universidad de Savannah, Georgia. Desde su primer trabajo de estudio en 2009 hasta el 2019 fueron largos 10 años de confección, experimentación, prueba y error para el método Helado Negro, que encontró hace un año con «This is how you smile» su trabajo discográfico por lejos más logrado. En él, Lange abandona un poco la necesidad algo forzada de lograr un himno «latinx» que había invadido de intenciones políticas su álbum anterior para pasar a un grupo de canciones reflexivas, en donde el silencio y la contemplación son parte esencial del entramado. Los instrumentos, en su mayoría acústicos, se mezclan a la perfección con las texturas de música concreta y sintetizadores por las que Helado Negro veló en toda su discografía, encontrando aquí una síntesis ideal.

Juan Wauters: nostalgia retroactiva.

El músico de origen uruguayo Juan Wauters vivió toda su vida en Estados Unidos, y dio sus primeros pasos en la música en aquel país, mayormente cantando en inglés y editando sus discos por el prestigioso sello neoyorkino Caputured Records. Sin embargo, sus contantes giras en solitario por territorio latinoamericano parecen haber sido la inspiración ineludible de «La Onda de Juan Pablo», su primer disco en solitario compuesto exclusivamente por canciones cantadas en castellano. El perfil de cantante independiente, irreverente y alternativo de Nueva York se ve aquí solapado por un cariño inesperado hacia las raíces más profundas de la canción de trovador sudamericano de la década del 70. Nostalgia de un tiempo en el que no vivió, Wauters recorre con sorprendente virtuosismo ritmos y modos de los lugares a los que visitó, y devuelve un tanto su propia raíz uruguaya al hueso de sus inclasificables canciones. Parecido al caso de Hidrogenesse, y su cariño a México retratado con anterioridad en este artículo, Wauters recorre el mercado más populoso de Ciudad de México y con una asombrosa naturalidad canta en «Blues Chilango» (probablemente su mejor canción) del mismo modo, azorado en la calma, con el que Luca Prodan describió para la eternidad el barrio del Abasto de la Ciudad de Buenos Aires en el clásico del grupo Sumo, «Mañana en el Abasto», como el observador neutral que logra subyugar su visión al territorio inexplorado pero extrañamente reconocible.

Medio Hermano: la sangre hecha vino, en el Chile más sublevado.

El grupo de rock alternativo chileno Medio Hermano publicó su segundo álbum de estudio a comienzos del mes de octubre de 2019, sólo algunas semanas previo a la revuelta social que se inició en el país transandino, de la serie de protestas y manifestaciones más grandes que se recuerden en el territorio sudamericano desde el regreso de las democracias. Coincidencia o no, Medio Hermano toma prestado en «XO» (así se llama el disco en cuestión) de The Radio Depth no sólo el linaje por un pop contenido en elegancia nórdica, sino también su componente más político. Como un avant pop socialista sudamericano, los que escuchamos «XO» ni bien salió al mundo notamos una crudeza en sus historias (manifestado más explícitamente en el track titulado «24/7», aunque también de manera más sutil en otras canciones que componen el álbum), que hacían anticipar que las cosas en Chile no estaban del todo bien. Medio Hermano ya había coqueteado con un rock casi de denuncia en su primer EP homónimo de 2015, cuando lanzaron la que terminó siendo una de sus canciones más reconocidas, «Una bala en medio de la nada», cuya letra relata la historia verídica de la muerte del estudiante Manuel Gutiérrez por parte de la policía, como consecuencia de una bala perdida. No son muchos los grupos de rock independiente que se animan a ensuciarse las manos con estas temáticas. Es sabido que el Indie Rock (al menos en este continente) ha recorrido un camino de comodidad y auto complacencia, a veces mas interesado en referenciarse de películas de Hollywood que de lo que sucede en la calle. Medio Hermano no sólo encuentra en XO un tono ideal para el ánimo que desembocó en la situación social en Chile sino que lo logra embanderado de su mejor canción hasta la fecha, «Kintsugi», track arreglado con una inusual elegancia de guitarras, programaciones y teclados formando la textura necesaria para ensalzar de manera ideal con el groove de bajo y batería, logrando que la voz de Fernando Rubiales, cantante y compositor principal del grupo, se luzca mas que nunca.

Series del 2019

Lejos de ser mi especialidad o área de mi conocimiento, tantas listas y balances de fin de año me hicieron querer escribir, sin tener demasiadas herramientas, acerca de las series que se emitieron durante este agonizante 2019. Elaborando esta lista me di cuenta de que todas las series a las que completé sus nuevas temporadas son aquellas que he disfrutado. Como a muchos les debe pasar, si la serie no engancha queda mayormente descartada de entrada.

El género que más disfruto en la televisión contemporánea es el de la comedia, en el que sí siento que tengo algunas mínimas herramientas para poder debatir y reflexionar, más aún cuando se trata de comedia norteamericana, que es la que me ha formado mis más que limitados conocimientos acerca del cine y la televisión.

En el mes de octubre del corriente 2019, con sólo dos días de diferencia, comenzaron a despedirse del aire dos comedias emblemáticas: Silicon Valley y Bojack Horseman, ambas estrenadas en 2014. Media década de gloria televisiva que se marcha, casi cabizbaja, al eco de la frase con la que Erlich Bachman, el icónico personaje de Silicon Valley que interpretó TJ Miller, sintetiza en el final de la 2da temporada de la serie de Mike Judge: «Admito que el momento cultural ya pasó».

El 2019 despidió a varias otras comedias, como la multi premiada «VEEP», «Easy» o «Crashing». ¿Será que Todd Philips no estaba tan equivocado cuando dijo que ya no se puede hacer comedia en la actualidad? Estos fueron los motivos que el director confesó como primarios a la hora de encomendarse a realizar «Joker». Si bien varios de sus colegas salieron a repudiar estos dichos, la realidad es que si a las series de comedia canceladas durante el corriente año se le suma que 2019 no entregó tampoco nuevas temporadas de «Atlanta» ni de «Curb Your Enthusiasm», el pronóstico de Philips no parece tan errado. Barry sería la última esperanza de la comedia norteamericana en televisión, a la espera de que Netflix no cancele la notable GLOW (cosa más que probable).

2019 justamente fue el año en que HBO le dio salida a sus dos comedias más celebradas y galardonadas de la última década: en VEEP y en Silicon Valley se notan muchos paralelismos en lo compleja que resulta la ficción cómica cuando la realidad supera largamente a esta. ¿Una sátira política en tiempos de Trump? ¿Una sátira acerca de la industria tecnológica en tiempos de venta de datos de usuarios, juicios a Facebook y debate acerca de la neutralidad de Internet? Son temas que se tornaron muy actuales en la órbita pública, y que llevaron a ambas series, en sus inicios crudas y despiadadas, a comenzar a trabajar con el freno de mano puesto. La cadena HBO, lejos de despedirlas con honores, apeló simplemente a la piedad de que puedan dar por terminada la ficción de un modo mínimamente honrado para que sus fans puedan compartir algunas breves horas más con estos personajes. Ambas temporadas finales estuvieron lejísimos de los momentos de gloria de dichas series, pero sirvieron como consuelo para fieles seguidores que no se sienten atemorizados de poder seguir riéndose de lo que tengan ganas de reírse. Un triunfo de la corrección política, a la espera de que el 19 de enero regrese Larry David a poner las cosas en su lugar con la esperada décima (¿y última?) temporada de «Curb Your Enthusiasm».

Curiosamente (vaya paradoja), la mejor serie de 2019 terminó siendo una comedia, o algo así. «Barry» parece tener todos los elementos necesarios para convertirse en la comedia canónica de los nuevos tiempos de auto censura, sacando el nervio de la risa hacia otros lugares menos esperados, como el absurdo, la acción y las referencias al policial negro. Alec Berg, unos de los showrunner de la serie, es un ya veterano productor que sabe perfectamente cómo hacer encajar sus productos al «momento cultural», y se encargó de meter otro hit mientras despedía a Silicon Valley, serie que él también comandaba.

En términos de televisión dramática, HBO también despidió con tibieza y timidez a una de las mejores serie del lustro, «The Deuce». Otra de las gemas televisivas del titánico David Simon, acompañado una vez mas por su fiel ladero, el escritor George Pelecanos, pasó sus tres temporada defendiéndose de las acusaciones a James Franco, de la crueldad de sus escenas de sexo, de las noticias alrededor de la incomodidad que sufrieron sus actrices durante la filmación de la primer temporada y en la posterior contratación de una coordinadora para escenas intimas. Todo este asunto de hacer una serie cruda y sin sutilezas acerca del Nueva York de los 70 y el nacimiento y apogeo de la industria pornográfica no podría poder haber estado menos a tono con los requerimientos morales de la época. La primer temporada fue emitida justo antes de las acusaciones ante Harvey Weinstein y el nacimiento del movimiento «Me Too» , coyuntura que por la naturaleza sexual (humana, en verdad) de la propuesta, terminaron aislando la serie y la cadena se sintió obligada a no darle la visibilidad que merecía, ni quiera ofreciéndola como posible candidata a las temporadas de premios acto paradójicamente injusto para con la epopéyica actuación de Maggie Gyllenhaal, quien fue además productora en The Deuce).
Un acto de tremenda injusticia, no sólo por el porte de su autor, sino por el calibre dramático que la serie demostró tener durante tres magníficas temporadas: un refugio ante la frivolidad televisiva, y el canto anti romántico hacia una ciudad que no existe más. Hasta con cierto anacronismo, es difícil imaginar al usuario promedio de Netflix sometiéndose a la crudeza anti estetizante de Simons y Pelecanos. The Deuce fue posiblemente el drama de la década, pero muchos se encargaron de que pocos se enteraran.

En resumen, irrelevante TOP 10 personal del 2019:

1. Barry (T2, HBO)

2. The Deuce (T3, HBO)

3. Succession (T2, HBO)

4. Easy (T3, Netflix)

5. GLOW (T3, Netflix)

6. Silicon Valley (T6, HBO)

7. Fleabag (T2, BBC)

8. State of the union (T1, Sundance TV)

9. VEEP (T7, HBO)

10. True Detective (T3, HBO)

Mención especial para la encantadora y honesta «Crashing», de Pete Holmes, comedia producida por Apatow que HBO despidió sin pena ni gloria durante el 2019.

Lucas Marti, el último prócer.

Lucas Martí despidió a su banda y a una etapa de 14 años conformada por un inagotable cancionero en una colmada noche invernal en el local La Confitería, del barrio porteño de Colegiales. Lo que pudo haber sido una noche de auto homenaje y nostalgia terminó resultando un tributo de Marti hacia su propia banda, que lo acompaño (con algunos cambios de formación mediante) durante estos 14 años.

Martí, alejado como es costumbre de cualquier postura demagógica, interpretó canciones de todos sus discos, incorporando a la lista todas las facetas musicales y epocales de su discografía en solitario. Bien puedo haber elegido interpretar dos horas de power pop del bueno, pero a sus usuales hits de antaño les fue mechando emotivos momentos baladasticos (la hermosa “Margen de Error”, “ y “Por El Vértigo”, casi acústica, en uno de los momentos más lacrimógenos de la noche), otros intensos despliegues de rock combativo con guitarras que se prendían fuego (a la cabeza, la brutal “Rompehielos”), y algunos lados B de sus discos más pop («Mensaje», posiblemente la mejor canción de “Tu Entregador”, o “¿Y si no?”, del seminal “Simplemente”).
Además, para darle relieve a la importancia que tuvo su banda en estos años de recorrido, Marti evitó la presencia de invitados especiales (bien pudo haberlo hecho, dado que Martí colaboró con gran parte del establishment del ya no tan “nuevo” rock argentino).
La emoción fue sumando en intensidad con el transcurrir de las dos horas de show, en lo que resultó un sincero y emotivo homenaje del artista más que nada a su entorno, el que lo acompañó durante todos estos años. Martí evitó además alusiones a cualquier otro proyecto que no sea el de sus discos en solitario. Se basó exclusivamente en canciones de sus nueve discos solistas, es por eso que, aún con el recuerdo intacto de una noche mas que especial, me tomo el atrevimiento de hacer un ranking de los que, para mi, son sus mejores cinco discos de dicha etapa, excluyendo del listado otros proyectos de Marti (Varias Artistas, u otras colaboraciones).

Martí se despide de 14 años de pop dejando un legado inmenso, alejado de la demagogia y a la condescendencia, males que son comunes denominadores de la escena actual de la música argentina. Martí fue una figura extraña, ajena, siempre más atento a construir una obra que a defenderla en los medios. La ausencia total de dichos medios culturales, tanto en la difusión como en la cobertura de una noche tan importante para la música argentina como fue la del viernes, da cuenta de la acertada lectura que hace Marti de por qué este contexto cultural ya no hace apropiada la producción de estos materiales. Solo el tiempo dirá si la obra de Marti se termina cononizando, como debería, a la altura de los grandes próceres de la canción argentina.

“El Gran Desconocido Popular” (Los Años Luz, 2013)

En 2013, el grupo que acompañaba en vivo a Lucas Marti en vivo llevaba ya cuatro años sin cambios de formación, y logró, merecidamente y justo a tiempo, plasmar ese trabajo de arreglos y sonido en lo que sería el mejor disco de la carrera solista de Marti: “El Gran Desconocido Popular”, de 2013, es un disco, ante todo, político. Organizado conceptualmente alrededor de los sentimientos de impotencia generados por la tragedia de Once, Martí logra en este álbum combinar virtuosamente dos mundos propios que hasta entonces parecían divididos dentro de su propia obra solista: por un lado las canciones de pulso pop, instrumentadas por las texturas de teclados, baterías algo sintéticas y punzantes riffs de guitarras, que habían alcanzado su pico sonoro en “Pon en Práctica tu Ley”. Por otro lado, ese mundo mas intimista que Martí logró retratar en su trilogía de “últimos actos de noción”: letras más largas, desarrollos formales extendidos y diversos, donde la letras comienzan a trazar universos mas personales y encriptados. Ambos mundos se nutren entre sí a la perfección en “El Gran Desconocido Popular”, título que también funciona como una suerte de parodia de la percepción que siempre se tuvo Marti dentro del contexto del rock argentino.

2) “Segundo y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2009)

Luego de su par de años posiblemente mas mediáticos (el primer disco de Varias Artistas, y su disco pop in extremis “Pon en Práctica tu ley» fueron, en su momento, bastante difundidos), Marti parte al medio su discografía en solitario para entrar en un terreno mucho más intimista y personal. Acompañado prácticamente sólo por su guitarra acústica, Marti desarrolla un recorrido extremo de 24 tracks confesionales e introspectivos que abandonan toda impronta de posible frivolidad pop, o costumbrismo lírico que había sido moneda corriente en alguno de los tracks de sus discos más pop, y que había llegado a cierto agotamiento en algunas canciones de “Pon En Práctica tu Ley”. Martí comenzaba su tercera década de vida barajando y dando de nuevo, tornándose un letrista excepcional, que ya no sólo podía ser ingenioso o ocurrente, sino desarrollar líricamente un mundo privado e interior fascinante, donde todos miedos y temores quedan expuestos en un álbum cuasi confesional y excesivo, por la densidad musical y la sinceridad de sus letras. 80 Minutos de Marti en estado puro.

3) “Tu Entregador” (Los Años Luz, 2006)

De los época en la que Marti editaba uno o dos discos al año. A su debut doble de 2005 se le agregó rápidamente, en 2006, su primer disco “de banda”, arreglado para batería, bajo, guitarra y teclado, interpretado íntegramente por su banda de entonces, que venía acompañándolo en sus primeras presentaciones en solitario. El Marti con mayor desparpajo juvenil y picante de letras se muestra, entre sintetizadores retro monofónicos y guitarras ingeniosas, como una maquina de la canción entre fresca y ocurrente, entre ella “Programa Perfecto”, que se se convirtió en lo mas parecido a un hit que haya producido. Paradójicamente, lo mejor de “Tu Entregador” se halla cuando la banda baja un cambio y se entrega canciones más complejas, como “Mensaje”, o la increíble balada “Reaccionar”. La mayor gema, sin embargo, queda en manos del tema que la da título el disco: “Tu Entregador” quedará como una canción indeleble, de las más emblemáticas de su discografía.

4) “Primer y Último Acto de Noción (Los Años Luz, 2005)

El debut discográfico solista de Lucas Marti vino, desde el vamos, dividido en dos. Lanzados en simultáneo, pero como dos discos independientes entre si (aunque complementarios), “Simplemente” mostraba la faceta mas pop de Lucas, que luego desarrollaría en profundidad y en formato de banda con “Tu Entregador” y «Pon En Práctica tu Ley”. “Primer y último acto de noción”, por su lado, mostraba la faceta más experimental del autor: un folk desmenuzado por cierta fantasía de sintetizadores y experimentación sonora. Algo que ya se encontraba presente en los últimos discos de A Tirador Laser. En Primer y Último… la dupla de producción Marti – Yuliano Acri, que ya venía desempeñando en la producción de los últimos discos de A Tirador, aquí se muestra en su punto más álgido, en donde las canciones despojadas de Marti son cubiertas de un tratamiento sonoro cercano a la música concreta. Baterías desarmadas, sintetizadores, una instrumentación mínima para un primer acercamiento a esta trilogía, que resultaría vital para la discografía del autor. Se destaca “La Orden”, uno de los temas mas inspirados y logrados del binomio debut.

5) “Tercer y Último Acto de Noción” (Los Años Luz, 2012)

Lucas Marti cerró en 2012 de manera definitiva su trilogía de «Acto de Noción» con «Tercer y Último Acto de Noción», en donde el espíritu de sus predecesores aparece un tanto solapado con cierta agresividad musical y de letras que desde el vamos lo convierte en posiblemente su disco más barroco. Con «Pacto con el diablo», su primer track, ya pone la carne al asador, con una letra y una estrcutura delirante en su ritmo compuesto de seis octavos. La instrumentación parece estar un tanto enlazada con el tratamiento MIDI que su utilizó en «Se Puede», el segundo disco de Varias Artistas, editado un año antes. Lo más llamativo de este entramado MIDI es como los sonidos se alejan de cualquier propiedad temporal, parecen salidos de un época inexistente: una instrumentación que no remite ni a lo retro, ni a lo moderno. La letras de este Tercer y Último Acto… comienzan a tener también una imaginario más urbano y cotidiano, que se haría aún más palpable en «El Gran Desconocido Popular, editado al año siguiente.